Impuestos para la vida

Impuestos para la vida

Un aumento en impuestos al tabaco, alcohol y bebidas azucaradas evitaría 50 millones de muertes.

Por: EDITORIAL 
19 de abril 2019 , 08:16 p.m.

La ecuación es simple: un aumento del 50 por ciento en los impuestos al tabaco, alcohol y bebidas azucaradas evitaría más de 50 millones de muertes prematuras en los próximos 50 años y aportaría más de 20.000 millones de dólares en ingresos adicionales en igual periodo.

Sin embargo, esto, en apariencia tan sencillo y que se trata de la conclusión de una comisión de expertos internacionales conformada, entre otros miembros, por expresidentes, economistas de reconocida prestancia, exministros de Hacienda y hasta la exdirectora de la Organización Mundial de la Salud, tiene muchas dificultades de llevarse a la práctica, en razón de los intereses que se oponen a una lógica sustentada en el bienestar colectivo.

Porque, a pesar de evidenciarse que en el mundo, cada año, el tabaco termina con la vida de 8 millones de personas, el alcohol con la de casi 3 millones y el azúcar al menos con la de otros 6 millones, las medidas para atenuar estas cifras son sensiblemente frágiles cuando se trata de afectar lo económico, aunque hay experiencias que demuestran su gran utilidad.

De llevarse a la práctica estas recomendaciones, en solo un año, en los países de ingresos medios como el nuestro, salvarían a 800
mil personas.

Basta ver, por ejemplo, que cuando Colombia, desde el 2016, incrementó de manera tímida el impuesto específico al cigarrillo en un 200 por ciento y estableció un aumento anual de 4 puntos porcentuales por encima de la inflación, el consumo se redujo en un 23 por ciento, solo en el primer año de aplicación, a la par que el recaudo impositivo creció en 54 por ciento.

De igual forma, cuando el país aumentó los impuestos al alcohol, con una combinación del 25 por ciento sobre el precio y un tributo específico basado en el contenido alcohólico, los ingresos para la salud (a donde se dirige este rubro) se incrementaron el 17 por ciento, en menos de un año.

Sin embargo, aunque estos resultados podrían ser lo suficientemente estimulantes, la verdad es que los intentos para ampliar la carga impositiva de modo consistente a otros productos evidentemente riesgosos para la salud, como bebidas azucaradas, alimentos ultraprocesados y con altos contenidos de sodio, han resultado infructuosos desde el punto de vista legislativo, además de encontrar oposición en algunos sectores de la industria nacional.

Empero, esta falta de resultados ha permitido dar pasos hacia adelante, en términos de debate, al punto de que podría decirse que en el país ya hay suficiente madurez para tomar en serio las recomendaciones hechas por este grupo de trabajo –convocado por Bloomberg Philantropies– y que de llevarse a la práctica, en solo un año, en los países de ingresos medios como el nuestro, salvarían a 800.000 personas, que en un sentido de escala superan el número anual de muertes que deja el virus del sida.

Y no se trata de desconocer los impactos que tendrían estos tributos de más sobre los balances de las empresas, el empleo, el comercio ilícito y el contrabando, sino de ponderarlos de manera racional y justa con el bienestar general de la gente y promover, en el mismo sentido, el favorecimiento hacia líneas de producción centradas en consumos más saludables.

Experiencias existen, solo falta la voluntad de todos.

editorial@eltiempo.com

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