Hora de subir la guardia

Hora de subir la guardia

La turbulencia en la economía global atañe a Colombia, que debe tener la casa en orden.

Por: Editorial
10 de agosto 2019 , 10:37 p.m.

Usualmente, agosto es un mes tranquilo en el hemisferio norte, pues coincide con el verano y la temporada de vacaciones, que normalmente aminoran el ritmo de las actividades. Pero, a juzgar por lo visto a lo largo de la semana pasada, el octavo mes del año bien podría calificarse de turbulento, como lo demuestran fuertes altibajos en los mercados de valores y de bienes primarios. La volatilidad, al decir de los conocedores, está de vuelta.

Sin ir más lejos, el lunes pasado, las acciones en Wall Street tuvieron su peor bajón en siete meses, pero el jueves su mayor alza de los últimos 60 días. Lo ocurrido abre grandes interrogantes respecto a la marcha de la economía mundial, cuyas perspectivas de crecimiento vienen de ser recortadas por el Fondo Monetario Internacional. El impacto de esas preocupaciones se sintió en Colombia, donde el dólar llegó a una nueva marca histórica el martes pasado, cuando la tasa representativa del mercado se ubicó en 3.459 pesos por cada billete verde.

Si bien para el viernes las cosas estaban un poco más tranquilas aquí y por fuera, las luces de alerta muestran un color más intenso ahora. La guerra comercial que sostienen Estados Unidos y China desde hace más de un año apunta a ser más intensa, aunque hay una cita programada entre los negociadores de ambos bandos para comienzos de septiembre.

No hay duda de que la principal responsabilidad en el clima de incertidumbre actual le corresponde a Donald Trump, quien llegó a la Casa Blanca con la promesa de corregir el fuerte déficit comercial que su país registra frente a su contraparte del otro lado del océano Pacífico. Inicialmente, una parte de las importaciones que entran a territorio estadounidenses provenientes del gigante asiático quedaron sujetas a aranceles, como manera de presión. Este último respondió de la misma forma.

Con el correr de los meses, y ante la falta de humo blanco, la impaciencia de Washington empezó a notarse. El capítulo más reciente se escribió a comienzos de este mes, cuando lo que quedaba –el equivalente de 300.000 millones de dólares en compras anuales a China– recibió un gravamen del 10 por ciento.

La respuesta de Pekín no se hizo esperar. De un lado, anunció que dejaría de comprarles alimentos a los agricultores estadounidenses, lo cual golpea a decenas de miles de partidarios del mandatario republicano. Del otro, señaló que dejaría flotar su moneda por encima de los siete yuanes por dólar. En términos prácticos, ello equivale a una devaluación que contrarresta en parte los mayores aranceles, lo cual llevó a las autoridades norteamericanas a hablar de “manipulación”, un término fuerte.

Aunque, a primera vista, la confrontación involucra a las dos economías de mayor tamaño en el planeta, el nerviosismo está a la orden del día en todos los continentes. Los más diversos análisis muestran que si el volumen del comercio internacional se ralentiza o disminuye, la tasa de crecimiento global sería menor.

Dicho escenario crearía una especie de círculo vicioso, pues las expectativas de desaceleración llevan a ritmos de inversión más bajos, que afectan el comportamiento de la demanda, destruyen empleos y se sienten sobre el consumo. Por tal motivo, la cotización del petróleo cae, pues si la máquina aminora su velocidad, habría menor apetito por los hidrocarburos. La mezcla de elementos hace factible una crisis financiera, ya que a gobiernos y empresas les queda más difícil cumplir con sus deudas.

El salto en la cotización del dólar comprueba que no somos inmunes a lo que ocurre en otras latitudes, comenzando por la guerra comercial que sostienen Estados Unidos y China

Un escenario apocalíptico es evitable. En la medida en que la sensatez regrese, Washington y Pekín podrán encontrar una salida sin que el bache ocasione daños permanentes. No obstante, aquí entran en juego otros factores, incluyendo el de los orgullos nacionales que tocan fibras diferentes. Además, el pronóstico se puede complicar como consecuencia de lo que pase en Gran Bretaña con el ‘brexit’ o el llamado a elecciones en Italia, donde los populistas de derecha podrían afianzar su poder.

En lo que atañe a América Latina, los dolores de cabeza abundan. Según la Cepal, la expansión del producto interno bruto regional apenas será de 0,5 por ciento en 2019 debido a la debacle de Venezuela, la nueva contracción de Argentina y la falta de dinámica en Brasil y México. Al observar esa realidad es indudable que Colombia pinta mejor, con una tasa que superaría el 3 por ciento este año. Aun así, no somos inmunes a la turbulencia, pues nuestras cuentas externas muestran un déficit que supera los límites de lo aconsejable.

Debido a esa circunstancia, vale la pena mantener la guardia en alto. Cómo evitar las réplicas de sismos cuyo epicentro está en otras latitudes debería ser ahora el principal reto de la política económica. Ello obliga a mantener la casa en orden y optar por la línea de la prudencia en el manejo monetario y fiscal si no queremos acabar pagando los platos que otros rompen.

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