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Giro de Washington

Giro de Washington

Colombia debe tomar nota de las nuevas prioridades, sin descuidar lo urgente.

El documento revelado el viernes por la administración de Joe Biden y su vicepresidenta, Kamala Harris, con las siete prioridades del nuevo gobierno para el primer año en materia de drogas ilícitas confirmó el giro que varios sectores pronosticaron tras la llegada del líder demócrata a la Casa Blanca. Un cambio que toca directamente a Colombia.

Lo revelado se enmarca dentro de lo esperado. Desde el primer momento estaba claro que en este frente iba a darse un cambio de rumbo luego del enfoque punitivo y con énfasis en la seguridad que tuvo el gobierno de Donald Trump. Muchas veces, en la campaña el entonces aspirante demócrata aseguró que, de llegar a la Casa Blanca, la manera de abordar un problema cada vez más grave sería desde el lente de la salud pública.

Y es que a lo que significa el narcotráfico como desafío por la manera como alimenta el crimen organizado, en tiempos recientes se ha sumado el consumo problemático no solo de drogas de cultivo, sino también de opiáceos sintéticos y fentanilo. Las cifras son alarmantes: desde el 2015, las muertes por sobredosis se han incrementado en un 35 por ciento, cantidad que seguramente aumentará a causa de la pandemia.

La estrategia anunciada, que por ser poco sorpresiva no es menos trascendental, se concentrará en mejorar sustancialmente la atención de quienes sufren adicciones. Hace énfasis en que cualquier esfuerzo que se haga debe darse sobre una base de equidad racial para que la discriminación hacia minorías no se prolongue en la forma como el Estado trata a quienes están viviendo este calvario. Así mismo, todo un punto está dedicado a la prevención del consumo entre los jóvenes.

Pero, sin duda, el ítem que más interés genera en Colombia es el de reducir la disponibilidad de sustancias ilícitas. Aquí, como en el resto del texto, son más las generalidades, por lo que todavía quedan interrogantes en el aire. Aun así, la insistencia en que para lograr disminuir la cantidad de cocaína que llega al país del norte son necesarios avances en presencia estatal, infraestructura y respeto a los derechos humanos da luces suficientes sobre lo que se viene para el país en esta materia en los próximos años.

Confirma lo afirmado aquí lo que ya esbozaron funcionarios de la embajada estadounidense en Bogotá acerca de cuán prioritario será para Biden seguir la ruta trazada por el acuerdo de paz en lo que concierne a cultivos ilícitos. Un funcionario de esta sede diplomática lo expresó así a este diario en días pasados: “Es necesario que exista una alineación estrecha entre la implementación de la paz, la seguridad y la reducción de la coca. Esencialmente, nuestra idea es que la transformación territorial que llegaría de la plena implementación de los acuerdos es la mejor estrategia de seguridad a largo plazo y la salida más prometedora y sostenible al problema de los cultivos ilícitos”.

Ante esta nueva realidad, al Gobierno le corresponde desde ya emplearse a fondo en asuntos críticos como el de continuar con el desarrollo del acuerdo de paz y la protección de los líderes sociales

Con el nuevo norte ya bastante despejado, ahora viene la tarea de resolver otros interrogantes. Muy arriba en la lista figura el de qué ocurrirá con la fumigación aérea, asunto que, a juicio de expertos, no tendría que reñir necesariamente con esta nueva aproximación, pues bien puede seguir siendo admitida como una herramienta más. Lo conocido alimenta también la expectativa en torno a si la ayuda actual o cualquier nuevo componente se enfocará primordialmente en las áreas mencionadas. Aquí, de nuevo, hay que recordar que históricamente el apoyo de Washington no se ha limitado a la Fuerza Pública o, incluso, a la administración de justicia. De tiempo atrás, el aspecto social ha jugado un rol importante en la lucha antidroga. Lo que sí está claro es que, más allá de cómo se cristalice el nuevo paradigma que guiará a la Casa Blanca, al Gobierno colombiano le corresponde desde ya emplearse a fondo en asuntos críticos como el de continuar con el desarrollo del acuerdo a través, entre otros, de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial y la protección integral de los líderes sociales, por citar apenas dos frentes críticos.

Por último, habría que poner en contexto el giro, resaltando que cada vez toma más vuelo en el planeta el debate sobre qué enfoque darle al consumo de sustancias ilícitas, discusión que en Colombia tampoco es nueva. Como ya se ha dicho desde estos renglones, la evidencia y la experiencia muestran que ya es hora de enfrentar este problema desde una óptica integral que incluya todos los múltiples factores en juego y, sobre todo, asumir que quien cultiva y quien consume claman por ayuda. Abordaje que, con todo, y en especial en el caso de Colombia, también debe contemplar el hecho de que por lo menos en el corto y mediano plazo el crimen organizado se seguirá nutriendo de la coca y que el Estado está en la obligación de enfrentarlo. Dicho de otra forma: avanzando en lo urgente, sin descuidar lo importante.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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