Fraudes peligrosos

Fraudes peligrosos

El hallazgo de una red de procesos fraudulentos en el Invima es un alivio para los consumidores.

Por: EDITORIAL
01 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Gestionar la expedición de registros sanitarios con documentos falsos, comercializar medicamentos y otros productos fraudulentos y alterar o desaparecer procesos sancionatorios a empresas que no cumplen con las normas son delitos que bordean lo criminal si por sus desenlaces se pone en riesgo el bienestar y la vida de la gente.

De ahí que la captura de catorce personas, presuntamente involucradas con hechos de este calibre, se convierta en una buena noticia para todos los consumidores, máxime si tales resultados son fruto de las denuncias presentadas por el mismo director general del Invima, Javier Guzmán, y que por casi dos años investigó la Fiscalía General de la Nación para terminar en este golpe que pone al descubierto una peligrosa red que se espera desmantelar en su totalidad.

Porque no es un asunto menor que se hayan identificado al menos 20 medicamentos y suplementos dietarios que en apariencia tenían un registro sanitario válido, pero que en realidad no surtieron la evacuación técnico-científica respectiva porque fueron aprobados a través de documentación falsa y la violación del sistema de información del Invima, y todo ello con el concurso de al menos doce funcionarios de este instituto.

En una muestra de trabajo en equipo entre el Instituto y la Fiscalía General de la Nación,
se han dado un golpe a la corrupción.

Con sus hallazgos, y al saber que la mayoría de estos empleados tenían más de cinco años de servicio, se presumía una defraudación prolongada, con resultados insospechados, por lo que de inmediato el mismo Invima hizo doce visitas de inspección a laboratorios y establecimientos presuntamente implicados, decomisó cerca de 7 toneladas de productos fraudulentos, emitió las alertas sanitarias específicas y depuró con rapidez su sistema de información con el fin de suspender definitivamente todos los productos espurios en una carrera silenciosa, pero que vale la pena resaltar.

Hoy se ha dado un duro golpe a la corrupción en este sector. Y esto no ha sido gratuito, porque se sabe que desde hace algún tiempo, las directivas del instituto –de manera valiente, e incluso contra su propia imagen– se la jugaron por ponerle atención a lo que muchos consideraban un secreto a voces: que a cambio de dinero se adulteraban trámites, que llegaron hasta a falsificar la firma del director, un indicio con el cual se inició todo este proceso.

Esta es una muestra del buen trabajo en equipo del Invima y la Fiscalía General de la Nación; y lo más importante: se trata de evitar, sin exageraciones, efectos deletéreos en la salud de la gente, bajo la premisa de que aún falta por sancionar de manera drástica a las empresas y empresarios que se lucraron con tan graves delitos.

Solo resta que la comunidad en general entienda que tiene un compromiso ineludible en este empeño, absteniéndose de consumir cualquier producto (medicamento, alimento, licor, bebida o cosmético) que carezca de registro sanitario, o denunciando cualquier sospecha de fraude o de comercialización de artículos fraudulentos que son fácilmente identificables, porque la mayoría se ofrecen como milagrosos.

Erradicar la corrupción en su propio seno es otra forma de fortalecer la institucionalidad, que tanta falta le hace al país. Apoyo para el Invima.

editorial@eltiempo.com​

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