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Esperado alivio

Esperado alivio

La reapertura de la frontera del lado venezolano abre una esperanza a comunidades de la zona.

La reapertura de la frontera binacional en Norte de Santander, autorizada desde el lado de Venezuela, es una noticia esperanzadora. Como ya se había planteado en estos mismos renglones, su cierre perjudicaba enormemente a los habitantes de la zona fronteriza, habituados a un constante tránsito de un país a otro, y a la larga, el cierre solo beneficiaba a las mafias que controlan los pasos informales, también conocidos como ‘trochas’. Es de esperarse que con esta decisión se pase la página de la manera infame como grupos armados se aprovechaban de la necesidad de quienes por distintas razones se veían obligados a cruzar la frontera.

El Gobierno colombiano ya había dado ese mismo paso desde junio, decisión que no tuvo efectos, pues del otro lado seguían los contenedores y demás obstáculos. Los mismos que ahora fueron removidos tras la orden del régimen de Nicolás Maduro. De esta manera se materializa un esperado anuncio que por lo pronto se traducirá en el permiso para el tránsito de carga y de peatones. Así las cosas, los habitantes del estado Táchira podrán volver a Cúcuta para hacer compras y acceder a servicios de salud, entre otros, como era habitual hasta febrero de 2019, cuando sobrevino el cierre. Para entonces no se contaba con el factor de la pandemia de covid-19, que hoy obliga a fijar unos mínimos protocolos y requisitos para quienes quieran ingresar al país.

Con todo, es un hecho positivo, reiteramos, por el impacto que tendrá en la economía de Norte de Santander en plena reactivación, más allá de las lecturas en clave de política interna venezolana que ya se hacen, a raíz de la decisión. Conscientes de lo beneficioso que era para una ciudad con cifras de desempleo históricamente por encima del promedio nacional, representantes de los gremios de la producción del departamento venían insistiendo de tiempo atrás para que algún canal de comunicación se abriera con Venezuela y por esta vía lograr la reapertura.

A la larga, el cierre solo beneficiaba a
las mafias que controlan los pasos informales, también conocidos como ‘trochas’.

Esta es importante también porque demuestra que más allá de la legítima postura adoptada por Colombia frente a la dictadura de Nicolás Maduro existe un margen de acción en el que es factible lograr avances. Pasos que se dan con el único propósito de aliviar la difícil situación que se vive en la zona fronteriza por múltiples factores bien conocidos; entre ellos, la permisividad de Maduro ante el accionar de grupos armados, entre los que se contaba el no poder pasar de un lado al otro sin incurrir en una serie de peligros incluso mortales.

Es verdad que no se puede bajar la guardia, como ayer lo decíamos, en el propósito de que en Venezuela pronto comience a gestarse un cambio que traiga alguna luz al final del muy oscuro túnel por el que hoy transita el bravo pueblo. Pero es cierto también que cualquier cosa que se haga e implique un respiro para la gente que sufre el yugo de la dictadura debe reconocerse, y más si se trata de determinaciones que le restan campo de acción al crimen organizado, que ante el declive de la institucionalidad y el retiro de la diplomacia ha encontrado un terreno fértil para tormento de una ciudadanía angustiada e inerme.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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