Es contra todos

Es contra todos

Cifras de evasores de TransMilenio son tan graves como la falta de sanción social ejemplarizante.

Por: Editorial
12 de mayo 2019 , 10:30 p.m.

TransMilenio es el sistema de transporte masivo que moviliza el mayor número de ciudadanos en Bogotá: 2 millones en su sistema troncal y 1,6 millones en los buses zonales. Así lo ha sido desde hace 20 años y hoy por hoy sigue siendo el modelo más eficaz pese a las múltiples fallas que presenta, fruto del desgaste, el abandono en que lo sumieron gobiernos pasados y la lentitud con la que se han adoptado las medidas para mejorarlo. Sin embargo, el de los evasores del pago del pasaje es el que más daño ocasiona. Porque devela no solo la fragilidad del esquema, sino que nos desnuda como sociedad.

La gerencia de TransMilenio, junto con la Universidad Nacional, revelaron el tamaño de este comportamiento: el 15,3 por ciento de los usuarios del sistema troncal evaden el pago. Hablamos de 382.000 personas al día, que le roban al sistema 222.000 millones de pesos al año. Con esos recursos se podría construir otro cable aéreo, 125 cicloparqueaderos o comprar 200 buses biarticulados.

Probablemente existan fallas estructurales que faciliten la evasión, como también las hay en los metros o tranvías de otras ciudades. Los torniquetes, las puertas de acceso, las registradoras, la presencia de gestores sociales, de policías y hasta de ciudadanos de bien que se atreven a llamar la atención no han sido suficientes para frenar a aquellos que arriesgan su propia integridad y la de otros con tal de no pagar 2.400 pesos. Y, curiosamente, el argumento no es el costo, sino cuestión de avivatada, de oportunismo, de negarse a sufragar el pasaje solo porque sí.

Esa indisciplina y falta de civismo generan una sensación de impotencia entre los ciudadanos honestos, que pagan, hacen fila, aguantan tumultos y no se resignan. Los evasores causan percepción de inseguridad, se sienten orgullosos de su hazaña porque, entre otras falencias, ven poco probable ser sancionados. Dice el mismo informe que quienes más acuden a este tipo de robo son los funcionarios y estudiantes del Sena, los jóvenes que asisten a escuelas de fútbol en el norte de la ciudad, los empleados de la construcción, los migrantes y los jóvenes de entre 18 y 25 años.

Lo positivo del estudio es que por primera vez se habla con seriedad del fenómeno. Y ello permitirá que se tomen las acciones del caso. Tarea nada fácil, pues, según el mismo informe, hay variedad de perfiles de las personas que se cuelan al TransMilenio sin pagar, y las estrategias para hacerlo son diferentes en portales y estaciones.

La gerente de TransMilenio, María Consuelo Araújo, tiene en el TransmiCable de Ciudad Bolívar un ejemplo perfecto para aplicar en las troncales. Allí, la infraestructura antievasores, la calidad del servicio, la pedagogía y, sobre todo, el sentido de pertenencia que se creó entre usuarios y vecinos del sistema están dando frutos importantes. Algo similar habría que pensarse para las estaciones de los articulados, donde, estamos seguros, son muchísimos más los ciudadanos de bien que los tramposos.

Nada justifica evadir el pago de un pasaje. Nada justifica arriesgar la vida por hacerlo. La mala calidad del servicio no justifica robarle al sistema. Es un asunto cultural, algo que viene de casa y de la escuela.

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