Envejecimiento al garete

Envejecimiento al garete

América Latina debe pasar de las palabras a los hechos en materia de bienestar de los más viejos.

25 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

La disminución de las tasas de mortalidad y el aumento de la expectativa de vida traen como consecuencia un envejecimiento de la población, que, en el caso de América Latina y el Caribe, muestra una tasa superior a la esperada a nivel mundial.

El asunto es que este aumento de las personas mayores en el continente plantea unos desafíos ineludibles si se considera que la región continúa siendo la más desigual del mundo y aún dista de tener los índices de desarrollo humano de otras regiones con similares niveles de envejecimiento.

Llaman la atención los cambios en las prioridades que desde el plano político han marcado las acciones sobre las personas mayores. Por ejemplo, a finales del siglo pasado estaban orientados a proporcionarles mayor participación y garantizarles cuidados que les permitieran una vida digna y oportunidades de desarrollo personal.
Veinte años más tarde se plantearon recomendaciones sobre tres ejes importantes: su papel dentro del desarrollo social, fomentarles la salud y el bienestar y crear entornos propicios favorables para el envejecimiento. Pero, en la actualidad, la formulación de indicadores de seguimiento en este campo está plegada a grandes agendas globales, ligadas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Esta población será, antes de 30 años, la más grande y la única que crecerá desde el punto de vista demográfico. No hay excusas.

El Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo, vigente desde el 2013, es una pieza fundamental para evaluar el cumplimiento de las tareas con las que se comprometen los países en muchos campos, entre ellos este del envejecimiento.

La última evaluación, que acaba de terminar en Lima, durante la Tercera Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe, deja un sabor agridulce en materia de avances en este frente, además de poner otra vez en evidencia marcadas asimetrías.

Para la muestra está que ajustar las condiciones laborales y pensionales, en especial para las mujeres de la tercera edad, es tarea aún esquiva para la mayoría de las naciones, tanto que la relación en este aspecto es, más o menos, de una mujer por cuatro hombres en promedio, sin dejar de lado que el amparo para los hombres continúa desproporcionadamente bajo.

Este es un asunto grave si se tiene en cuenta que las mujeres viven más tiempo que los hombres. Ahora, dado que las vulnerabilidades acumuladas durante la vida se traducen en problemas de salud en el envejecimiento, es claro que la cobertura en salud para esta población debe ser absoluta y suficiente, meta que apenas alcanzan algunas naciones, entre ellas Colombia.

Muchas políticas públicas siguen en el papel, aunque todos los países dejan ver su preocupación por el bienestar de los más viejos.

De ahí que el llamado desde estas conclusiones –que parten de que el continente va por el camino adecuado, al menos en sus intenciones– es para que todos los Estados, incluido el nuestro, aterricen de manera concreta la atención integral a una población que antes de 30 años será la más grande y la única que crecerá desde el punto de vista demográfico. Aquí no hay excusas.

editorial@eltiempo.com

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