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‘Encanto’

‘Encanto’

Significa que el caso colombiano ya no es solo una parábola sobre la desigualdad y la violencia.

No es la primera vez que Disney, el imperio del entretenimiento que comenzó por transformar para siempre el cine animado, fija su mirada en Latinoamérica. A comienzos de los años 40 del siglo pasado, cuando se preguntaba cómo llevar sus historias a todo el mundo, estrenó un par de largometrajes que ocho décadas después siguen encontrando su público: Saludos amigos (1942) y The Three Caballeros (1944). En honor a la verdad, Disney siempre se mostró por narrar otras culturas, y, superados los pulsos geopolíticos que le tocó vivir desde la Segunda Guerra Mundial hasta la Guerra Fría, perfeccionados los modos de retratar las experiencias de otras naciones –sin caricaturizar ni empobrecerlas–, ha conseguido producciones o coproducciones tan brillantes como Hércules, Mulan, Moana, Coco y Luca.

Disney ahora ha vuelto la vista a Colombia: la película Encanto, que no solo ha partido de una investigación muy seria sobre las costumbres de nuestro país, sino que ha acudido a los talentos de diseñadores, actores y músicos colombianos, como yendo a la fuente para no caer en imitaciones limitadas, es una nueva demostración de que los estudios que fueron celebrados y señalados en medio de los pulsos ideológicos del siglo XX han seguido perfeccionando tanto el talento inagotable de sus narradores como el acercamiento a las historias típicas de otras latitudes. Encanto nos recuerda que cualquier creador puede asumir culturas lejanas porque el mundo es de todos, pero también resulta ser una reivindicación de la belleza de este país de geografía exuberante que ha respondido a tantos reveses con una fe incomparable en sus familias.

No es gratuito que la más grande multinacional del espectáculo haya dado vía libre a Encanto, la historia de la noble Mirabel y de la mágica familia Madrigal, y la esté promocionando hasta el agotamiento: significa que el caso colombiano ya no es solo una parábola sobre la desigualdad y la violencia, sino una fuente de relatos sobre la belleza y el coraje.

EDITORIAL

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