En tierra de escarabajos

En tierra de escarabajos

Froome, de pocas palabras en la competencia, sorprendió por su forma de ser alegre y espontánea.

Por: Editorial
05 de noviembre 2018 , 11:24 p.m.

Ha resultado un acontecimiento deportivo y social la visita a nuestro país del ciclista británico Chris Froome, la gran figura del pedalismo mundial en esta década. Nada menos que ganador cuatro veces del Tour de Francia, campeón de la Vuelta a España, así como del Giro de Italia, entre sus más de 50 victorias como profesional desde el 2007. En su deporte, él es como un Mohamed Alí o un Pelé.

El líder del equipo Sky, tal vez la mejor escuadra hoy, vino invitado por Rigoberto Urán a una carrera recreativa en el departamento de Antioquia, en la que participaron 1.500 ciclistas aficionados.

Froome, un monstruo hasta hoy indestronable, se ha ganado la admiración y el respeto de los aficionados del mundo a tan duro deporte. Pero como ha sido implacable y les ha aguado la fiesta a nuestros cafeteros en las carreteras de Europa, por aquello de la solidaridad de patria, de amor a la bandera, o de cariño, no estaba en el corazón de los colombianos.

Ahora se los ha robado, no a golpe de pedal, como se dice, sino de carisma y de sencillez. Y es que Froome, adusto y de pocas palabras en la competencia, sorprendió por su forma de ser alegre y espontánea y un todoterreno. Se lo vio montando en metro, probando platos típicos, lanzándose como clavadista en la represa de Guatapé o subido ya no en el caballito de acero, sino en los de casco y hueso de la Policía Nacional.

Ya sabe de dónde surgen los escarabajos, para los que no ha ahorrado elogios. Ya conoce la patria de Cochise Rodríguez, Lucho Herrera, Nairo Quintana, Sergio Luis Henao, Alejandro Gaviria, Miguel Ángel López o Egan Bernal –promisorio gregario de su propia escuadra–, para nombrar unos pocos.

Sin duda, un triunfo también de Rigoberto, el Toro de Urrao, un paisa auténtico, pues esta visita trae beneficios para Colombia en buena imagen y en más afición, además de ser una lección de hermandad deportiva, de que una cosa es la competencia y otra, la amistad. Digno ejemplo. Así debe ser en todos los deportes. Y en la vida.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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