Secciones
Síguenos en:
El virus versus la globalización

El virus versus la globalización

La estrecha interconexión de China con el mundo amplificó los impactos de la epidemia.

La expansión del coronavirus de origen chino continúa, mientras los impactos de la epidemia en la economía global siguen acumulándose. En pocas semanas el Covid-19, como la OMS bautizó a este híbrido nuevo, ha protagonizado una rápida evolución: hoy se contabilizan unas 2.247 muertes y más de 76.740 casos confirmados en 27 países. No hay vacuna contra la infección, que afecta con más gravedad a niños, ancianos y personas con bajas defensas.

Esto llevó a las autoridades sanitarias globales a declarar una alerta mundial, lo que significa en términos prácticos que ningún rincón del planeta está inmunizado contra la presencia del virus y que todos los países deben compartir protocolos de atención y ser solidarios en su aplicación. Al menos un año se demorarán los científicos en desarrollar una vacuna en su contra.

Una inmensa proporción de los muertos y los infectados se concentra en China, específicamente en la provincia de Hubei, donde se originó el contagio. No es la primera vez que un virus amenaza el mundo desde territorio chino. El principal antecedente es la epidemia del Sars en 2003. No obstante, el Covid-19 ya lleva más víctimas que su antecesor y China no solo es hoy la segunda economía del mundo, sino que también está mucho más interconectada que hace 17 años.

Ha sido precisamente la globalización profunda que hoy tiene el gigante asiático la que ha amplificado los impactos, tanto sanitarios como económicos y políticos, de la epidemia. Las estrictas medidas del Gobierno de Pekín, como la cuarentena regional y otras restricciones de la movilización, terminaron paralizando las actividades de fábricas y plantas de producción por toda China.

Lo anterior, sumado al alto grado de integración de las empresas chinas en las cadenas globales de suministro, generó graves disrupciones en sectores tan claves como los automóviles, los productos electrónicos, los materiales de construcción, la manufactura industrial, la moda, el transporte marítimo y el aeroespacial y de defensa. Multinacionales como Apple, que fabrica celulares y otros productos en China, ya anunciaron consecuencias tangibles de la epidemia en sus ventas y en sus reportes trimestrales de ingresos.

El coronavirus también golpeó las industrias turísticas, los conciertos y los megaeventos globales, como el recientemente cancelado congreso de la telefonía móvil en Barcelona. La asociación de aerolíneas calculó en 30.000 millones de dólares las pérdidas por la baja demanda de viajes aéreos. Incluso, el sector de los artículos de lujo teme un descenso por la ausencia de turistas chinos de compras por todo el mundo.

Literal y trágicamente, China está estornudando, y buena parte del mundo está conteniendo la respiración. Economías como las de Japón, Australia y el sudeste asiático, muy interconectadas con los chinos, ya están percibiendo el impacto de la parálisis del país asiático. Y en América Latina, que aún no registra ningún caso en su territorio y no está tan integrada a Asia, Chile y Perú podrían sufrir ante la caída de la demanda de cobre por las industrias chinas, hoy semiparalizadas, así como Brasil por las ventas de minerales.

China es hoy una economía prácticamente en cuarentena, y gracias a su estrecha interconexión con los más variados sectores económicos globales, la epidemia del Covid-19 está empujando a la baja las proyecciones de crecimiento del mundo. De hecho, los cálculos iniciales de los inversionistas de que el coronavirus sería rápidamente contenido por las autoridades de Pekín están siendo hoy revisados. Esto significa no solo que el impacto de la epidemia en el ritmo de crecimiento de la economía global será mayor y de más larga duración, sino también que los niveles de incertidumbre están en aumento.

La incertidumbre sobre la contención de la epidemia aumenta, mientras que sus consecuencias sobre la economía se traducen en la caída del comercio y disrupción en las cadenas globales de suministros

Si bien el riesgo de que este virus aterrice en Colombia es bajo, a pesar de la llegada de varios compatriotas desde Wuhan –la ciudad donde surgió la epidemia–, existe la posibilidad de que llegue y termine quedándose, como ocurrió con el AH1N1. El país ha sido juicioso en desplegar protocolos de vigilancia en puertos y aeropuertos, así como fue el primero en tener, gracias a la capacidad técnica y científica oficial, las pruebas para identificar el virus de manera rápida.

No hay que olvidar que la lucha contra las epidemias exige sistemas de salud pública fuertes y una acción internacional menos presionada por miedos xenófobos y sociales y más orientada por la evidencia científica. Acabar con una epidemia de esta naturaleza requiere pactos colectivos globales.

Mientras eso sucede, continuará el pulso entre el coronavirus Covid-19 y los flujos y las plataformas de la globalización, que sostienen el comercio y la economía global.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

MÁS EDITORIALES

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.