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El tercer pico

El tercer pico

No se pueden desconocer las razones de los más afectados, pero las cifras de covid son innegables.

Cuando hace poco más de un año, el 6 de marzo, se tuvo noticia del primer caso de covid-19 en Colombia, y al mismo tiempo decretos del orden local y nacional dieron comienzo a un largo periodo de confinamiento obligatorio, la conciencia compartida sobre la necesidad de salvaguardar la salud generó consensos que permitieron, aun a sabiendas del altísimo costo que esto traería para millones de hogares, que dichas medidas fueran acatadas sin generar movilizaciones ciudadanas de rechazo.

Las protestas que se han visto por estos días en Bogotá, pero también en otras ciudades, por las medidas tomadas para hacerle frente al tercer pico de contagios, que incluyen toques de queda y cuarentenas estrictas, dejan claro que el panorama hoy es muy diferente y, sobre todo, recuerdan lo complejo del problema. Por razones que no son difíciles de comprender, el perjuicio que estas decisiones causan en sectores que llevan varios meses de verdaderas afugias es considerable.

No exageran muchos de estos comerciantes al plantear que cerrar sus puertas dos fines de semana es el empujón al cierre definitivo. Ya el Índice de Seguimiento de la Economía, del Dane, registró en su momento el fuerte impacto que tuvieron para la reactivación los cierres de agosto y enero. Una realidad que no se puede desconocer.

Urge buscar estrategias para ayudar a los más golpeados y, al tiempo, tomar lecciones para prevenir nuevas arremetidas del virus

Aun así, las cifras de contagios, disponibilidad de unidades de cuidados intensivos, casos activos y muertes diarias, así como las proyecciones que hacen las autoridades de cada ciudad dejan claro que el tercer pico avanza con rudeza y obliga a acudir a la caja que contiene las herramientas disponibles. Aquí encontramos una con la que no se contaba en picos anteriores: la vacunación. Pero esta todavía está en una fase inicial que no permite confiar exclusivamente en ella. A su lado aparecen las estrategias de detección y aislamiento de casos positivos y las medidas restrictivas ya mencionadas. Ante la perspectiva real y concreta de un desborde o, incluso, de un colapso del sistema sanitario que señalan los números del actual tercer pico, hay que ser claros en la necesidad de recurrir a una combinación de ambas, tal y como vienen haciéndolo mandatarios locales bajo la tutela del Gobierno Nacional.

Con todo, y de cara al futuro inmediato, el llamado es a actuar ya mismo en dos sentidos. Por un lado, urge identificar nuevas estrategias de ayudas a quienes con más rigor sienten las consecuencias de los cierres –bares, restaurantes y otros comercios obligados a cerrar sus puertas–, pero también a aquellos cuya actividad se ubica en el sector informal y, ante todo, a los que a diario deben rebuscarse su sustento.

Por otro lado, una vez se pase la página de esta nueva arremetida del virus, urge tomar nota de todas las lecciones que ya dejan los tres primeros picos para que ante una posible nueva alza de contagios y casos –que deberá encontrar cifras de vacunación mucho más tranquilizadoras– se pueda responder sin causar un traumatismo tan fuerte a la economía. Para ello es imperioso afinar y corregir fallas en las estrategias de detección y el aislamiento, además de hacer una lectura de las cifras que permita actuar de manera más oportuna y menos reactiva.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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