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El síndrome poscovid

El síndrome poscovid

Es necesario investigar lo que ocurre en pacientes poscovid-19 y ofrecerles un tratamiento óptimo.

La epidemia que hoy sufre el mundo tiene secuelas muy complejas. Los daños que quedan o aparecen, después de que el covid-19 ha hecho lo suyo en el organismo, amenazan con convertirse en otra especie de pandemia que el mundo empieza a enfrentar. Se trata del síndrome poscovid o del covid-19 persistente, que según algunos estudios se presenta entre el 10 y el 50 por ciento de las personas que se han recuperado de la infección aguda y que por sus características da pasos agigantados para convertirse en una entidad tan nueva como autónoma que es necesario investigar y conocer, para enfrentarla como corresponde.

El asunto es tan serio que 8 de cada 10 personas con antecedentes de covid-19 presentan al menos un síntoma persistente, independientemente de la gravedad de su padecimiento. Una investigación hecha por el Centro de Estudio de Enfermedades Autoinmunes de la Universidad del Rosario (Crea) encontró que este síndrome poscovid no se asocia con la gravedad de la enfermedad ni con la cantidad de anticuerpos que haya desarrollado, lo que contradice la idea inicial de que el compromiso posterior era patrimonio de aquellos que habían pasado por UCI.

Otro componente que inquieta es que estas manifestaciones afectan a todas las edades, y en algunos casos pueden llegar a generar más incapacidad que la que produjo la enfermedad aguda.

Para la muestra está, según el Crea, que personas jóvenes que no requirieron hospitalización, hoy enfrentan compromisos en diferentes sistemas, que, además de limitar su funcionalidad, no cuentan con tratamientos integrales específicos. En otras palabras –con las excepciones de rigor–, el abordaje clínico, como ocurrió con el covid-19 en un comienzo, es incierto no obstante los esfuerzos del cuerpo médico.

Ya empiezan a conformarse grupos especializados para investigar en profundidad los soportes fisiológicos de este síndrome

Fatiga, dolor y debilidad muscular, asfixia, dificultad para dormir, tos, arritmias, amnesia, depresión, ansiedad, psicosis, pérdida de cabello, gusto y olfato, entre otros síntomas, se quedan o aparecen de manera individual o por grupos en quienes fueron víctimas del virus, en una especie de comparsa que arrebata miles de años de vida saludable y reclaman acciones urgentes para atenuar sus efectos.

En esa dirección, ya empiezan a conformarse grupos especializados para investigar en profundidad los soportes fisiológicos de este síndrome y proponer opciones potenciales o reales para prevenirlo, tratarlo y rehabilitarlo, dentro de contextos rigurosos y efectivos.

De hecho, ya existen algunas clínicas interdisciplinarias poscovid que esperan que las autoridades sanitarias del país reconozcan este problema en su verdadera dimensión y les proporcionen a los afectados la atención necesaria, en el marco del sistema de salud, sin dejar de lado que se debe empezar por discutir la necesidad de convertir este síndrome en un cuadro clínico con identidad propia, para que bajo su denominación de ‘síndrome poscovid’ se garantice su cobertura integral.

Los beneficios serán no solo para los afectados, sino también para la economía del país y el bienestar social de todos.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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