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El reto de la variante delta

El reto de la variante delta

Es factible, con el concurso de todos, enfrentar este reto sin frenar la reactivación.

A pesar de los cierres, las restricciones y las protestas, el primer semestre del año terminó con unas perspectivas optimistas sobre el comportamiento de la economía colombiana para 2021. El viernes pasado, el Banco de la República elevó sus proyecciones de aumento del PIB de 6,5 a 7,5 por ciento y se sumó así al Gobierno, centros de estudios, organizaciones internacionales y empresas en una visión positiva del desempeño de las actividades productivas.

La llegada oficial de la variante delta al territorio nacional no descarrila, por el momento, esa senda de reactivación que retomó su curso tras los bloqueos ilegales del paro nacional. Es cierto que el nuevo linaje del coronavirus está alterando las estrategias de retorno a una ‘normalidad poscovid-19’ en países ricos como el Reino Unido, Francia y Australia. Aun con altos niveles de vacunación en sus poblaciones, la tendencia negativa en los contagios y los indicadores sanitarios en el mundo desarrollado, delta se cierne como una amenaza para el ritmo vertiginoso del crecimiento de la economía global. Desafío atizado por amplios sectores de la población que, no obstante las campañas y los estímulos de todo tipo, persisten en su postura de no acudir a los puestos de vacunación.

En lo que concierne a Colombia, la mejor estrategia para enfrentar los impactos de la variante delta es mantener la reapertura total de la economía, continuar desplegando el Plan Nacional de Vacunación y sostener la política de atención sanitaria. El Gobierno Nacional necesita redoblar sus esfuerzos alrededor de este triple coctel, mientras que en empresas y hogares no se puede bajar la guardia en torno a las medidas de protección y protocolos de cuidado.

En este orden de ideas, la inmunización y su avance han de ser una de las estrategias más efectivas para la reactivación económica. La presencia de este linaje más contagioso en el país confirma la urgencia de enfrentar sin demora los próximos retos de la vacunación, en especial la cobertura de poblaciones más jóvenes, persuadir a los ya referidos incrédulos y convencer a los escépticos. Es claro que la actual reapertura de la economía ha consolidado una ruta de recuperación –como lo muestran los indicadores– que el país no puede darse el lujo de poner en riesgo.

Son, en suma, pasos hacia adelante que exigen el necesario equilibrio que después de más de año y medio de pandemia permite armonizar con igual peso específico el avance de la economía y el mantenimiento del bienestar general, bajo la premisa, reiteramos, de que conforman una simbiosis que hay que mantener.

De ahí que el descenso de los indicadores de la pandemia en el país, definidos en términos de casos y muertes, deba tomarse con prudencia y responsabilidad para evitar –como ya ocurrió– que la ilusión de retornar a la normalidad promueva el relajamiento de las medidas de bioprotección y la proclividad a pensar que se puede retomar de tajo la cotidianidad perdida, lo que termina incubando nuevos picos, como se aprecia en espejos actuales de otros lugares.

Y esto empieza por tomar en serio la anunciada presencia de la ya mencionada variante, que por sus características puede acabar asentándose predominantemente en todo el territorio nacional, a la par que crecen los contagios en personas más jóvenes y su consecuente presión sobre los sistemas sanitarios, que aunque han respondido hasta ahora de manera decorosa, podrían resultar insuficientes, con desenlaces desastrosos.

La ilusión de retornar a
la normalidad no puede
conducir a promover
el relajamiento de
las medidas de
bioprotección y a la
proclividad a pensar
que se puede retomar
de tajo la cotidianidad
perdida

El mismo Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) acaba de vaticinar que la enfermedad causada por esta variante apunta a convertirse en una de las más contagiosas del mundo si se deja pasar por alto su dinámica infecciosa y no se toman medidas drásticas, enmarcadas en un cambio de estrategia para enfrentar su agresividad.

La vacunación, hay que insistir, se erige como el arma fundamental en esta tarea, pero esto no será suficiente mientras coexistan factores de diversa índole que se oponen a la inmunización y deben ser entendidos y contrarrestados a la mayor brevedad con acciones audaces –ojalá debatidas públicamente– que pongan por encima el bienestar colectivo, como las que ya se aplican en algunas naciones.

Por supuesto que resulta ineludible el compromiso de las autoridades de todo tipo en los niveles nacional, regional y local. No hay razón para considerar que en algunos lugares se puede pasar la página de la pandemia porque hay camas libres de UCI y los casos positivos han mermado. Es hora de entender que de la forma como se actúe en este momento depende el futuro de todos, dado que el covid-19 sigue presente, pero reactivar la economía es una necesidad. He ahí el reto de todos, bajo un claro término: responsabilidad.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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