El nuevo presidente

El nuevo presidente

Iván Duque deberá preservar avances y trabajar en frentes críticos para construir confianza.

05 de agosto 2018 , 12:02 a.m.

Apenas restan 48 horas para que Iván Duque Márquez asuma la presidencia de la república. Además de la consabida ceremonia de imposición de la banda presidencial, los discursos y demás actos protocolarios, la transmisión del mando tendrá en común con quizás todas las anteriores el denso cúmulo de problemas y desafíos con que se encontrará el nuevo mandatario una vez ingrese a su despacho en la Casa de Nariño.

En el primer renglón de la lista, ordenada por prioridades, están las reformas que aparecen como ineludibles para el gobierno entrante. Sobresalen dos: la tributaria y la de la justicia.

En materia económica, el crecimiento al alza comprueba que lo peor quedó atrás. De acuerdo con los expertos, la expansión del producto interno bruto será mayor en el semestre actual que en el pasado; esta tendencia ascendente continuará en 2019, para cuando se proyecta un 4 por ciento de incremento. Además, la inflación está bajo control, las exportaciones aumentan y hay una relativa estabilidad en el frente cambiario.

No obstante, la situación de las finanzas públicas es compleja, pues no solo los recaudos no se comportan según lo presupuestado, sino que la regla fiscal exige para el próximo año un saldo en rojo menor. Combinar el cumplimiento de esa norma con la promesa de campaña de reducir la carga tributaria de las empresas será todo un reto que exigirá creatividad y responsabilidad al equipo económico que llega.

La justicia es un paciente en el umbral de la unidad de cuidados intensivos. Tras los intentos fallidos del gobierno Santos, esta vez el margen de maniobra es menor, a la luz de los altos índices de impunidad, las demoras y los tropiezos en su funcionamiento, que exacerban a la gente, y los casos de corrupción en sus más altas esferas. Todo ello explica el descrédito de la Rama, del que dan cuenta los sondeos de opinión. Se trata, claro, de la columna vertebral de la democracia, y urge enderezarla.

Existe también expectativa respecto a cómo cumplirá Duque su promesa de replantear las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo para acabar con el uso inapropiado de los cupos indicativos por parte y parte. Al haber sido este frente una fuente de escándalos de corrupción, no cabe duda de que requiere una intervención, tal y como lo dejó claro el entonces candidato. Desde las primeras de cambio deberá precisar a los parlamentarios y la opinión cuáles serán las nuevas reglas.

A la par con las tareas están las responsabilidades. Es bueno subrayar dos en particular: darle la debida continuidad a la construcción de la paz y no caer en la trampa del extremismo

No menos desafiante es el panorama que encontrará en el campo de la salud. Aquí, los mayores retos siguen siendo alcanzar el equilibrio financiero y poner en cintura las EPS en crisis. Es necesario cerrar el déficit de 2 billones de pesos que se pronostica para este año, y de 3 billones para 2019. Una cifra que obliga no solo a un diálogo frentero entre el ministerio del ramo y el de Hacienda, sino a tirar las riendas del gasto en los diversos gremios del sector, incluido el de los médicos, las clínicas y los hospitales.

El reto de sacar del juego o llamar al orden a las EPS críticas no puede ser simplemente retórico. La experiencia ha demostrado que los anuncios y las intervenciones bienintencionadas generan incertidumbre entre los prestadores y terminan privando a los pacientes de recibir atención. La misma que merecen también los casi un millón de venezolanos en Colombia, que tendrán beneficios sociales, más los que seguirán migrando, pues en su país no mejora la situación.

Y hay otra realidad compleja: el aumento no solo de las hectáreas cultivadas con coca, sino también del consumo interno de estupefacientes que llegan a los jóvenes a través de emporios criminales del microtráfico y han deteriorado la seguridad de los principales centros urbanos del país.

A la par con las tareas están las responsabilidades. Es bueno subrayar dos en particular: darle la debida continuidad a la construcción de la paz tras los acuerdos con las Farc. Todo lo que estos prevén en términos de garantías políticas, desarrollo rural y apoyo a quienes dejaron las armas para que logren su plena reincorporación a la civilidad, entre otros aspectos, no debe, de ninguna manera, pasar a un segundo plano. Lo mismo ocurre con la justicia especial para la paz y su promesa de aportar la verdad y el compromiso de no repetición que exigen las víctimas del conflicto.

La segunda tiene que ver con desoír los cantos de sirena del extremismo. No prestar atención, por el bien del país, a esas voces que confunden unidad –que es necesaria, por supuesto, en torno a lo fundamental– con el unanimismo, dañino para cualquier sistema democrático, sobre todo el de un país que pretende construir paz a partir de la ampliación de su democracia. Esta es la única vía para que la confianza tome el lugar de la polarización y así el país respire un nuevo aire.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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