El fin de la Gran Guerra

El fin de la Gran Guerra

Se conoció como la Gran Guerra durante varios años porque se pensó que no podría venir otra peor.

Por: Editorial
11 de noviembre 2018 , 11:12 p.m.

Es verdad que la historia de la humanidad puede contarse de guerra en guerra. Cierto es que la Primera Guerra Mundial, que está cumpliendo un siglo de haber terminado, sigue marcando la forma como las naciones se relacionan en los dos hemisferios del planeta. Fueron las cenizas de la Primera Guerra, que pretendía resolver las confrontaciones mal resueltas del siglo XIX, las que se encendieron para que comenzara la segunda. Fue en aquella cuando empezaron a ser notorios los peligros que traen los nacionalismos exacerbados, cuando comenzaron a ser usadas las peores armas de destrucción y los populistas irredentos empezaron a escudarse detrás de la patria.

Hace cien años, esa Primera Guerra dejó como resultado 17 millones de muertos, 300.000 construcciones arruinadas y 12 millones de toneladas hundidas en el mar. El mundo se empobreció con cuentagotas. La economía global se fue viniendo abajo hasta la Gran Depresión de 1929. Las sociedades desmoralizadas, traumatizadas por las brutales imágenes de una guerra que se metió en todas partes, se fueron detrás de los autoritarismos como en busca de refugio. Las monarquías que no se acabaron, como terminaron la rusa o la alemana, se vieron en la obligación de integrarse a los Estados. El Imperio austrohúngaro se dividió en varios países. Y –como insisten diversos historiadores– no sería descabellado decir que se perdió una generación entera.

Esta se conoció como la Gran Guerra durante varios años porque se pensó que no podría venir otra más devastadora, otra peor. Dejó enfermedades y muchachos mutilados que sobrevivieron por poco, dejó testimonios escalofriantes que son prueba de las vocaciones más oscuras del hombre. Pero, sobre todo, les dejó a los líderes del planeta una serie de soluciones nefastas, de salidas fáciles –el patrioterismo, la xenofobia–, que cien años después sigue siendo menester combatir: los pueblos que no han oído hablar de la Gran Guerra están condenados a repetirla.

EDITORIAL
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