El año que hoy termina

El año que hoy termina

En medio de la desazón y el pesimismo, se asomó una ciudadanía cada vez más activa.

Por: Editorial
31 de diciembre 2018 , 02:52 a.m.

Es muy extendida la tradición, en la víspera de Año Nuevo, de anotar en papeles todo aquello que se le quiere dejar al año que termina, para después permitir que el fuego lo consuma, confiados en que lo que estaba allí escrito quede definitivamente atrás.

En un año tan agitado como el que esta noche llega a su fin hay no pocos asuntos candidatos a ir a la hoguera. Una lista que debe estar encabezada por la corrupción, que fue, por desgracia, la gran protagonista del 2018. Múltiples casos salieron a la luz pública, desde la revelación cada vez más detallada del alcance y cuantía de los numerosos pagos indebidos que hizo la multinacional brasileña Odebrecht, pasando por los diversos carteles que por años saquearon el sistema de salud, o la compra de votos, hasta la indignante malversación de fondos destinados a la alimentación de los escolares.

Revelaciones que dieron pie a un terremoto que terminó por afectar los cimientos sobre los que se levanta la credibilidad de la gente en buena parte de la institucionalidad, resquebrajamiento del que han sabido dar cuenta las encuestas y del que se deriva el pesimismo ciudadano. Sentimiento que, a su vez, se alimenta de otros fenómenos negativos que en el 2018 tomaron vuelo. Uno de ellos es el narcotráfico y, en general, la presencia de ejércitos ilegales que quieren llenar, de manera violenta y amedrentando a la población, el vacío que en muchos territorios dejaron las Farc.

En este terreno, es evidente un progresivo fortalecimiento de emporios del crimen organizado, a tal punto que un reciente documento del Ministerio de Defensa reveló que ya son más de 7.000 los hombres en armas al servicio de aquellas organizaciones, incluido el Eln, que, fiel a su estilo, parece más interesado en continuar con actividades que le proporcionan cuantiosas rentas que en darles motivos al Gobierno y a la sociedad para que crean en su voluntad de paz. El preocupante aumento de los homicidios, que se asoma para el consolidado del 2018 y corta con una tendencia a la baja en este indicador que llevaba varios lustros disminuyendo, es consecuencia de estas realidades. El ser testigos del drama que padece el pueblo venezolano, del sufrimiento de quienes desde ese país llegan a diario a nuestras ciudades, también ha dejado su huella en el clima pesimista con el que terminan el año los colombianos.

Sin embargo, no todas fueron de cal en el 2018. Hay hechos que inclinan la balanza hacia lo positivo. Los logros de nuestros deportistas,por ejemplo, entre los que sobresalen la elección de Caterine Ibargüen como atleta del año en el planeta y los triunfos de Fernando Gaviria, líder transitorio del Tour de Francia.

Hay que resaltar el compromiso mostrado por el gobierno Duque de seguir avanzando en la implementación de los acuerdos con las Farc. De vuelta a la política, las tres citas en las urnas, incluida la consulta anticorrupción, dejaron ver el surgimiento y la progresiva consolidación de una nueva manera de ejercer la ciudadanía por millones de personas, mucho más activas que en décadas pasadas. Movidos por un anhelo de renovación, los colombianos respaldaron proyectos e iniciativas que buscan pasar la página del clientelismo, realidad perenne de nuestra política que este año dio señales de haber entrado en declive.

El auge de las movilizaciones –de las cuales la estudiantil fue la más copiosa y la que mayor atención despertó– es prueba de que hay una transformación en curso en el seno de la sociedad, como resultado de muchos de los avances logrados en las últimas décadas, que es necesario proteger. Y es aquí donde hay que advertir el evidente riesgo de que estas emociones sean perversamente tomadas como combustible de un proyecto populista que acentúe la actual polarización y, además, opaque todo lo positivo que tiene el que la ciudadanía se interese cada vez más en participar a través de los mecanismos que ofrece nuestra democracia.

Tomando nota de este clamor, el presidente Iván Duque se la jugó por una ruptura en la manera como se venían dando las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo. Dicho de manera coloquial, se ha negado a repartir ‘mermelada’, lo que tuvo un costo para el Gobierno a la hora de llevar a buen puerto su agenda legislativa, que incluía reformas claves como la de justicia. La mayoría de los proyectos que surgieron de la alta participación que tuvo la consulta anticorrupción tampoco se pudieron convertir en ley. La reforma política, por su parte, avanzó pero sin su componente principal: las listas cerradas obligatorias. Esto reafirma la necesidad de consolidar un liderazgo ejemplar, tarea que encabeza la lista de los pendientes del Ejecutivo para el año que llega esta noche. Un 2019 en el que esperamos se consoliden las necesarias transformaciones, y que traiga vientos de progreso, de tranquilidad y de paz para todos los colombianos.

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