El agua de Santa Marta

El agua de Santa Marta

Es hora de encontrar una opción viable y sostenible para este problema.

Por: EDITORIAL 
25 de abril 2019 , 07:20 p.m.

Impresionan las imágenes vistas en los últimos días que dan cuenta de la manera como se ha enfrentado la emergencia por falta de agua en Santa Marta. Preocupa que una ciudad capital de departamento y polo de desarrollo turístico, además de puerto fundamental para el país, viva estas penurias.

Como suele ocurrir ante situaciones críticas como esta, no es difícil establecer las causas. El actual fenómeno del Niño ha traído una sequía inusual a la Sierra Nevada, lugar de donde provienen los ríos que surten el acueducto. Este es un factor clave para entender lo que sucede. Pero no es el único. Hay que sumar que no se haya logrado sacar adelante una solución estructural, considerando que el actual acueducto se queda corto frente a la demanda, incluso en tiempos de abundancia del líquido. Las conexiones ilegales, que pululan, son otro elemento fundamental, pues afectan seriamente la presión del sistema de aprovisionamiento.

Por el momento, el alcalde encargado de la ciudad, Andrés Rugeles, junto con las demás autoridades distritales y departamentales han dispuesto de varias alternativas para afrontar la contingencia. La Empresa de Servicios Públicos de Santa Marta, que acaba de retomar la responsabilidad del servicio, destinó treinta carrotanques para surtir los barrios más afectados durante los próximos tres meses. Un buque cisterna de la Armada también entrará a apoyar la operación. Diez pozos profundos más serán perforados para sumarse a los 48 en funcionamiento, y se implementó un ‘pico y placa’ para lavaderos de carros: no podrán funcionar los miércoles.

Cualquiera sea
la alternativa para una solución estructural, debe tener en cuenta que el agua no
es un recurso inagotable.

Es de esperarse que dichas medidas logren aliviar el drama que vive esta ciudad. También hay que ser claros en que las autoridades deben proceder contra quienes insisten en aprovecharse fraudulentamente del recurso hídrico.

Dicho lo anterior, todo apunta a que llegó la hora de optar por una solución a largo plazo. Sobre la mesa hay varias alternativas, que van de la captación desde el río Magdalena –esta sería la obra de mayor costo y envergadura (se calcula en 3,2 billones de pesos)– a la construcción de una planta desalinizadora, pasando por una opción intermedia: un acueducto que capte el recurso de los ríos Córdoba y Toribío.

Hay que ser enfáticos en que ninguna alternativa prosperará si persiste la cultura del no pago y el aprovechamiento indebido. Y también debe tenerse muy presente que fenómenos como la actual sequía serán cada vez más frecuentes. De esto se desprende la obligación para Santa Marta y todas las ciudades de asumir que su crecimiento está sujeto a nuevos paradigmas en materia ambiental, entender que el agua no es un recurso inagotable y siempre disponible, lo cual obliga a que los nuevos desarrollos urbanos, por ejemplo, aprovechen más las aguas lluvias y reutilicen las residuales. En el caso puntual de la capital del Magdalena, es crítico detener la deforestación en la Sierra Nevada y actuar para prevenir los incendios forestales. Es, como se ve, una tarea que abarca muchos más frentes y necesariamente requiere la participación y el compromiso de todos.

editorial@eltiempo.com

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