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Traslados necesarios

Traslados necesarios

La pandemia es una sola y la colaboración institucional en un marco de solidaridad debe imponerse.

El traslado de pacientes hacia instituciones que tengan mejores capacidades técnicas y de respuesta ante las necesidades de un paciente no es nuevo en el país. De hecho –desde siempre–, existe un Sistema de Referencia y Contrarreferencia que describe al detalle las pautas que deben respetarse y ponerse en práctica a la hora de ubicar a los enfermos, donde puedan ser mejor asistidos.

Normalmente, estos procedimientos se surten entre hospitales y entidades que conforman la red de prestadores, en especial de las aseguradoras a las cuales están afiliadas las personas, bajo la premisa de que estos deben fluir de manera ágil, pero son esencialmente útiles para tratar sus dolencias.

La base conceptual de este sistema es que las personas sean atendidas sin demora en los sitios mejor aprovisionados, según cada cuadro clínico, y la normativa tiene un refuerzo casi constitucional, a través de la Ley Estatutaria de Salud (1751 de 2015).

De ahí que los traslados que en este momento son necesarios, dada la contingencia derivada del nuevo pico pandémico, para ubicar pacientes en donde exista disponibilidad de camas de unidades de cuidados intensivos (UCI) deben verse en su verdadera dimensión de utilidad y no como un componente de descalificación.

La coyuntura exige que
este tipo de reubicaciones
se hagan en las mejores condiciones de humanidad posibles.

Si bien estas remisiones siempre están hechas –incluso para patologías no covid– hacia ciudades grandes o capitales, la situación amerita que se convalide la posibilidad inversa, concediéndoles a las camas de UCI la condición de insumo vital de carácter nacional, al que se puede acceder gracias al sistema, cuando exista disponibilidad, independientemente del lugar en donde se encuentre.

Lo ocurrido en Bogotá, que ha tenido que ubicar pacientes –muy escasos por ahora– en otras ciudades, es apenas una compensación al hecho de que la capital recibe, sin distingos, a personas que requieren este recurso en todas las épocas del año sin ningún tipo de rechazo, lo cual no impide que todos los traslados sean realizados en condiciones dignas y con la mayor consideración tanto para pacientes como para familiares, buscando los menores traumatismos posibles.

Nunca en la historia del sistema sanitario nacional ha existido un desafío como el actual, y en ese sentido las respuestas a los retos de la pandemia deben ajustarse a las condiciones reales de las capacidades asistenciales del país, en razón de que la pandemia es una sola y la colaboración institucional en un marco de solidaridad debe imponerse sobre cualquier elemento de crítica insustancial.

En síntesis, las camas de cuidados intensivos y los equipos humanos supraespecializados que las complementan son un recurso escaso, por lo que debe aprovecharse la disponibilidad de cada una de ellas, en el contexto permitido.

Y esto debe complementarse sin ningún tipo de demora con la pedagogía, la instrucción, el soporte emocional y la empatía que requieren ante estas decisiones los pacientes y familiares. No es fácil, pero la coyuntura exige que este tipo de traslados se hagan en las mejores condiciones de humanidad posibles, y esto involucra a los responsables de todos los niveles en estos procesos.

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