La segunda ola

Los rebrotes de covid-19 en Europa obligan a tomar nota en nuestro país y a reforzar las medidas.

Por: Editorial
19 de octubre 2020 , 09:25 p. m.

La evidencia que reafirma la vitalidad de la pandemia causada por el nuevo coronavirus es la situación que atraviesa en este momento Europa, que –después de considerarse liberada de este flagelo– avanza a pasos agigantados, para convertirse de nuevo en el epicentro de este tremendo proceso en el mundo.

Con registros de casos reportados que son tres veces mayores que los del primer pico de marzo, ese continente se halla sumergido en una segunda ola que algunos expertos pronosticaron tímidamente hace unos meses.

Solo en la última semana los infectados aumentaron 44 por ciento, con una tendencia creciente que supera sus propios registros positivos, con cifras por encima de 150.000 casos diarios y que, según las autoridades sanitarias, se ubican muy cerca de las alcanzadas en agosto en América, que por ahora es la región más afectada por la pandemia.

En este sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó que muchas ciudades europeas se enfrentan al aumento de pacientes atendidos en unidades de cuidados intensivos, que podrían llegar a un límite en las próximas semanas, con el agravante de que la misma agencia advirtió que de mantenerse esta tendencia, dicho continente podría alcanzar un nivel de mortalidad 4 o 5 veces superior al de abril.

El llamado es a no cantar victoria y a tomar el continente europeo como un ejemplo
que no se debe seguir.

Ante esta situación es natural que en casi todos los países de la región se hayan desplegado medidas con miras a contener el avance del virus, en un proceso que incluye algunas normas que ya se consideraban agotadas como el toque de queda y las multas en Francia, los cierres de cafés y restaurantes durante 4 semanas en Bélgica, así como la prohibición de reuniones con familiares y amigos en espacios cerrados dictadas en Londres.

Alemania, ejemplo en la gestión durante la primera ola, también anunció inéditas restricciones, después de registrar preocupantes cifras de contagio en los últimos días. Lo mismo que España, que para esquivar un “confinamiento total” decidió cerrar los bares y restaurantes por dos semanas.

Lo real y que merece atención es que la pandemia está aún distante de poderse controlar, y en ese sentido es probable que países como el nuestro –con desescaladas tanto en casos como en muertos– puedan deslizarse hacia los rebrotes o segundas olas en un tiempo cercano, por lo que las medidas de bioseguridad y el control para su cumplimiento, antes que aliviarse, deben reforzarse.

Tales medidas son las que han demostrado beneficios probados; entre ellas, el distanciamiento físico, el uso general del tapabocas, tanto en espacios cerrados como abiertos, el lavado de manos y evitar las aglomeraciones, mientras el mundo científico pisa el acelerador en busca de vacunas efectivas para prevenir contagios o medicamentos para atacar las infecciones. Frente a esto no cabe ningún esguince.

Y si bien Colombia ha tenido cifras benévolas y hay indicios de factores que potencialmente podrían actuar en contra de la exacerbación pandémica, el llamado es a no cantar victoria y a tomar el continente europeo como un ejemplo que no se debe seguir. El fantasma de las cuarentenas generales solo se conjura con la disciplina general y la orientación clara de las autoridades.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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