Rezagados por el cierre

Rezagados por el cierre

Hoy es necesario recordar los fuertes impactos que los confinamientos infligen a hogares y empresas.

Por: Editorial
13 de enero 2021 , 09:00 p. m.

Los alarmantes aumentos de las cifras diarias de nuevos casos y fallecidos por coronavirus en el país han desembocado en el retorno de los confinamientos y las restricciones. Bogotá, por ejemplo, anunció el ingreso de seis nuevas localidades a las cuarentenas sectorizadas y encierro generalizado para este fin de semana.

El comportamiento de los indicadores sanitarios de la pandemia es tan preocupante que sirve de justificación a los endurecimientos de las autoridades en materia de movilidad ciudadana y actividades productivas. Desafortunadamente, el relajamiento de las medidas de protección y autocuidado y la laxitud de los gobiernos en su control en el último tramo del año pasado han terminado, por ahora, con un nuevo 2021 muy parecido al 2020.

Mientras Colombia transita por este segundo pico de contagios, es menester recordar las lecciones no solo de salud pública, sino sociales y económicas que dejaron los más de cinco meses de cuarentenas que experimentó el país el año pasado. Más allá de cuánto dure esta nueva oleada de encierros y prohibiciones, el difícil comienzo del año requiere mayor velocidad en la toma de decisiones y más eficiencia en la implementación de medidas.

Los gobiernos nacional y distrital deberían ofrecer medidas adicionales de ayuda a hogares y negocios golpeados por el nuevo encierro.

La primera lección de los confinamientos del primer pico tiene que ver con las inequidades. Los cierres generalizados de las ciudades exacerban las desigualdades estructurales de una sociedad como la colombiana. Por ejemplo, un hogar con ingresos provenientes de empleos formales y estables no aguanta los encierros de igual forma que uno con trabajadores informales o con ingresos inestables. Las cuarentenas agudizan esas fracturas socioeconómicas, como las laborales, las habitacionales, las digitales, las de género, las geográficas entre el campo y la ciudad, entre otras.

En segundo lugar, el impacto de las cuarentenas en las actividades económicas es muy alto. La reapertura de los sectores productivos –en otras palabras, el fin de los confinamientos– es la decisión de política pública que sostiene la tendencia positiva de la economía colombiana en el segundo semestre.

De hecho, no todos los negocios reciben de la misma manera los choques generados por la nueva ola de restricciones. Sectores tales como los comercios formales, la cadena de viajes y turismo, restaurantes y gastronomía experimentan un impacto relativamente mayor que puede transmitirse tanto a los ingresos como a los puestos de trabajo que generan.

Los confinamientos, asimismo, golpean los hogares en múltiples frentes, más allá de los ingresos. Un ejemplo preocupante es el de los niños y adolescentes en edad escolar. Los colegios tendrán que mantener la educación virtual, a pesar de la necesidad de que las escuelas abran de nuevo.

En conclusión, al igual que en las primeras cuarentenas, encerrar a millones de colombianos y cerrar sus negocios no solo frena el ritmo de la reactivación de sectores cruciales para el empleo, sino que también deteriora las condiciones sociales y económicas de muchos. A estos rezagados por los cierres, los gobiernos nacional y distrital deberían ofrecerles medidas adicionales de salvamento.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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