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Incertidumbre peruana

Incertidumbre peruana

Sean cuales sean los resultados en Perú, el clamor es que el país logre fortalecer su democracia.

El Perú vive horas inciertas y de suma tensión. Cuatro días después de realizadas las elecciones presidenciales, los peruanos aún no saben el nombre de quien dirigirá los destinos del país, dado lo reñido de la votación, en un momento de pesadilla. El impacto brutal del coronavirus, la crisis económica y la inestabilidad política e institucional –que hizo que hubiera cuatro presidentes desde el 2018, tres de ellos en cinco días de noviembre pasado– no dan lugar a esperas demasiado largas ni a salidas antidemocráticas o sacadas del sombrero de los populismos. Por eso, el clamor es, sean cuales sean, respetar los resultados, fortalecer la democracia y no exacerbar la nociva polarización, que en el país ha llegado a extremos inauditos.

Finalmente, sobre el ente que organiza los comicios, la Onpe, no recae ninguna sombra de corrupción, lo que disipa un eventual alegato de fraude.

Llegaron a esta instancia final una protagonista de primer nivel de la vida política de los últimos años, la derechista Keiko Fujimori, y un cuasi desconocido maestro rural y sindicalista, el izquierdista radical Pedro Castillo, que aterrizó en la segunda vuelta siguiendo algo que ya parece una vieja tradición peruana: la del outsider que patea el tablero electoral, curiosamente al mejor estilo del padre de Keiko, Alberto, en 1990.

En aquel año, ese profesor universitario derrotó en las presidenciales al laureado escritor Mario Vargas Llosa, con lo que inauguró una oscura era, pues, aunque sentó las bases del futuro éxito económico del país y derrotó a las guerrillas de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (Mrta), lo hizo a un muy alto costo en violaciones de los derechos humanos. Además, dio un autogolpe al disolver el Congreso, le dio alas al siniestro sistema de sobornos y escuchas del jefe de inteligencia Vladimiro Montesinos y al final huyó al Japón para renunciar, vía fax, cuando ya había sido destituido.

Del manejo que se le dé a la actual coyuntura y del apego a las vías institucionales y democráticas dependerá el rumbo del país.

Curiosamente, en una de esas vueltas del destino, Vargas Llosa le ha brindado un decidido apoyo a Keiko como única garantía de que no suba al poder un gobierno de corte chavista. Pero las cifras indican, al menos en el momento de escribir estas líneas, que es Castillo quien tiene las mayores posibilidades de quedarse con la victoria. Con el 98,5 por ciento de votos contabilizados, el izquierdista consigue el 50,19 por ciento de preferencias, frente a Fujimori, que tiene el 49,8, unos 70.000 votos de diferencia que según los analistas pueden hacer que la situación sea irreversible a falta de algunas actas y se impugnen otras miles, como lo anticipa la campaña de la candidata derechista.

Por esto, y por muchas otras razones, el de ahora es un momento clave en la historia peruana. Del manejo que se le dé a la actual coyuntura y del apego a las vías institucionales y democráticas dependerá en gran parte el futuro, entre otros motivos porque la miseria, la inequidad y la incapacidad para que la floreciente renta del país –antes del covid-19– llegara a las capas más pobres de la población, entre otras muchas razones, están en el origen de la actual situación y son una tarea pendiente para quien finalmente se quede en la Casa de Pizarro desde el 28 de julio. En su bicentenario, los peruanos lo urgen.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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