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El querido Antonio Caro

El querido Antonio Caro

Él y su obra contestataria, que jamás se detuvo, fueron valorados como presencias necesarias.

Hace dos días, cuando se conoció la noticia de su muerte, fue evidente la admiración y el cariño que tantos sintieron por la figura y por la obra del artista bogotano Antonio Caro. Hubo cientos de homenajes en las redes. Hubo decenas de artículos serios sobre su obra: desde el famoso letrero de Coca-Cola convertido en la palabra ‘Colombia’ hasta la consigna ‘Jabón bendito jabón’ en la ventana de una galería en plena pandemia. Se reconoció su espíritu crítico e iconoclasta empeñado en desacralizar el arte –sus círculos, sus ínfulas y sus trascendentalismos de élites– en un país tan dado a las solemnidades.

Caro nació en 1950 en un mundo que apenas digería los horrores de la Segunda Guerra Mundial y en un país en el que se sufría aquella terrible violencia bipartidista que se fue convirtiendo en costumbre. Desde muy joven quiso ser artista. Padeció la academia de los 60, durante su breve paso por la carrera de Bellas Artes de la Universidad Nacional, pues su temperamento sin moldes se sentía fuera de lugar, pero fue allí donde conoció al maestro que lo introdujo al arte conceptual y al arte basado en textos: Bernardo Salcedo. Fue leal hasta el final a ese modus operandi: a jugar, a reírse, a hacer ver las palabras, a poner en evidencia el consumismo, a negarse a servirles a las jerarquías que causaban los problemas sociales que denunciaba.

Antonio Caro recibió decenas de distinciones y de becas por su contribución al arte del mundo, y abrió a los artistas del país un camino paródico y satírico que parecía cerrado, pero quizás su mayor reconocimiento haya sido la devoción que llegó a despertar en el público. Caro y su obra contestataria, que jamás se detuvo, fueron comprendidos y valorados como presencias necesarias. Si su obra Yo con Yo fue recibida como otra joya, publicada el año pasado por EL TIEMPO, es porque había conseguido que cientos de miles hablaran su misma lengua. Siempre será relevante. Siempre estará pidiendo que el humor lo ponga todo en su sitio.

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