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Salvar a TransMilenio

Salvar a TransMilenio

Situación financiera de los sistemas masivos de transporte obliga a hallar salidas para su salvación

TransMilenio (TM), el sistema masivo de transporte público de Bogotá que inspiró modelos similares en el resto del país y otras regiones del mundo, atraviesa momentos ciertamente difíciles. Más allá de las críticas a la calidad del servicio que se le señalaban antes de la pandemia, lo que hoy vive es una verdadera emergencia por el déficit presupuestal que lo acompaña. Los costos operativos pasaron, en la última década, de 600.000 millones de pesos a 2,1 billones el año pasado.

Esto quiere decir que la ciudad debió hacer ingentes esfuerzos para subsidiar el sistema en todos sus componentes: troncal, zonal y servicios complementarios. Y como van las cosas, es probable que este año deba hacer otro esfuerzo similar, justo cuando las finanzas de la ciudad se encuentran débiles, también debido a la crisis sanitaria. Para rematar, no ha habido alzas en las tarifas, lo que significa dejar de percibir alrededor de 120.000 millones de pesos.

La misma situación atraviesan todos los modelos de transporte masivo (SITM) que operan en el país. Algunos de los cuales, como Transcaribe, en Cartagena, suspendieron operaciones unos días por problemas de recaudo; en Metrocali, las finanzas han caído a causa de la reducción del flujo de pasajeros hasta en un 63 %; el número de usuarios del metro de Medellín pasó de un millón al día a poco más de 300.000, mientras el Transmetro de Barranquilla requiere recursos del orden de los 80.000 millones de pesos para operar con algo de normalidad.

Si bien la Secretaría de Hacienda de Bogotá ha destinado para este año 1,2 billones de pesos para el sistema, a fin de cuentas tendrá que recurrir a otro billón de pesos para que opere sin dificultades. Por eso, la Alcaldía se ha venido reuniendo con el Ministerio de Hacienda para encontrar salidas a una crisis que va para largo, infortunadamente.

En efecto, conocedores del tema aseguran que la debacle del transporte público es global y que difícilmente el modelo con el que muchos vienen funcionando hasta ahora se mantenga a flote. De hecho, TransMilenio no ha conseguido que sus buses articulados consigan una ocupación del 50 % debido al temor de la gente al contagio de covid-19.

Salidas hay, pero difíciles y complejas. Algunos creen que hay que volver a un esquema de empresas públicas para que los gobiernos asuman el subsidio de estos, lo cual es inviable en las actuales circunstancias. Otros creen que una flota eléctrica permitiría que la Empresa de Energía asumiera los costos operativos con el subsidio del componente eléctrico. Y hay quienes ven en nuevos impuestos, el cobro por congestión y el traslado de recursos de otras entidades el camino más viable para superar la crisis.

Es necesario salvar a TransMilenio y el transporte público en general, activos esenciales en cualquier sociedad. Sin un sistema robusto, eficiente y digno para el usuario, será imposible alcanzar márgenes de productividad y calidad de vida. Es necesaria y urgente la ayuda del Gobierno Nacional, una ayuda a largo plazo; o de lo contrario, muchos de ellos colapsarán. Pero es indispensable que las administraciones hagan su parte: reducir la evasión, los colados, mejorar la calidad, impulsar nuevos recaudos y evitar a toda costa que la gente opte por el carro particular o la moto, la otra pandemia de las ciudades hoy.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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