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Cuidar a los niños

Cuidar a los niños

Sara Sofía debe ser el símbolo que despierte conciencia sobre los atropellos que sufren los niños.

El caso de Sara Sofía Galván, la pequeña que desapareció en el suroriente de Bogotá hace casi dos meses, tiene al país en vilo. No se puede descansar un segundo en la búsqueda de esta frágil criatura, quien hoy, 30 de marzo, está cumpliendo dos años de edad. Dos años de haber llegado a un mundo hostil. Empezando porque su propia madre, Carolina Galván, dijo que el embarazo fue producto de un encuentro casual y la abandonó.

Es en esos encuentros casuales, y muchas situaciones fortuitas, en los que se engendran hijos no deseados y se desprenden complejas situaciones sociales, en las que a la larga sufren los niños. Sara Sofía era cuidada por una tía, pero finalmente su madre se la llevó a vivir con ella y un compañero sentimental. Allí, en ese mundo reducido e insondable, se esfumó la niña. La madre, hoy detenida con su amante, dice que se les murió y que la lanzaron al río Tunjuelito. Una versión que, aunque está bajo investigación, es triste, indignante y escalofriante. No hay palabras.

Sara Sofía es preocupación general. Es buscada hasta con una directriz oficial para evitar que sea sacada del país, y la ilusión es hallarla con vida. Pero ojalá ella sea el símbolo que despierte conciencia general, a todos los niveles, sobre los numerosos atropellos que sufren los niños en nuestro país.

Un pueblo que no es capaz de proteger a los menores no logrará nunca tener paz
ni sosiego.

Las cifras espantan. Ya es repudiable que, de enero a octubre de 2020, en pleno confinamiento, Medicina Legal haya tenido que practicar casi 13.000 pruebas por abuso sexual contra menores. Este delito, cuyos monstruos que lo cometen muchas veces están a una pared de distancia, es horrendo y se necesita más acción, más prevención y más coraje para detenerlo.

Pero los niños, de todas las edades, se pierden, como por arte magia, en Colombia todos los días. Así como se lee. Según el completo informe ‘Las oscuras historias detrás de la desaparición de niños en Colombia’, publicado en este diario, solo el año pasado, según Medicina Legal, desaparecieron 1.579 menores: 811 regresaron vivos, 10 fueron hallados muertos, pero no se conoce el paradero de 758. Esa es una desgracia que no tiene nombre.

Y no solo adolescentes –muchos de ellos llevados por los inciertos caminos del reclutamiento forzado–, sino bebés, incluso, como Alí David Sánchez, de 2 años, quien, el 28 de octubre de 2018, desapareció de su hogar, en Santa Marta, en un abrir y cerrar de ojos. El 28 de diciembre de 2014, en Buesaco, Nariño, fue raptada la niña Paula Nicole Palacios, de 5 años. Por este delito hay detenidos. Y en Bogotá, en su casa, en el barrio Monteblanco, en la localidad de Usme, el 1.° de diciembre de 2018, alguien se llevó a Guadalupe, niña de un año y siete meses. Nada se sabe.

Este país, esta sociedad, las autoridades todas, los medios, claro está, tenemos la obligación moral, humana y constitucional de cuidar bien a los niños, de protegerlos de las manos criminales. Debemos crear todos los entornos seguros posibles, además de las condiciones sociales adecuadas. Esta pandemia seguramente dejará un entorno más riesgoso para ellos. De manera que el reto es enorme, pero inaplazable. Un pueblo que no es capaz de proteger a los menores no logrará nunca tener paz ni sosiego.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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