La crisis del fútbol

La crisis del fútbol

Es claro que la popularidad de este deporte no es sinónimo de inmunidad. Urge humildad de sus dueños

Por: Editorial
20 de noviembre 2020 , 08:45 p. m.

Es muy lamentable el momento actual del fútbol colombiano a todo nivel. Lo vivido esta semana con la Selección de mayores luego de sus derrotas 0-3 contra Uruguay y 6-1 contra Ecuador, que incluyó un cúmulo de versiones posteriores sobre rupturas, tensiones e, incluso, agresiones entre los integrantes del equipo, terminó siendo un triste reflejo de todo lo que viene ocurriendo en el ámbito dirigencial. La Tricolor terminó manchada.

La lista de episodios lamentables y recientes es bien nutrida. Comienza por el vergonzoso capítulo de la investigación de la Superintendencia de Industria y Comercio a la Federación por la reventa de parte de la boletería del partido contra Brasil en la anterior eliminatoria. Dicha pesquisa concluyó con una multa de más de 18.000 millones de pesos, que el ente federativo pagó recientemente. En la cúpula de nuestro balompié, al parecer, no dimensionaron la gravedad de este suceso en un momento histórico en el que el país ha mostrado por diversas vías su hastío respecto a prácticas de esta índole, tanto en lo público como en lo privado. No hubo arrepentimiento, tampoco se asumieron responsabilidades. Todo siguió igual, como si nada hubiese sucedido.

Luego está lo que le acaba de ocurrir al Cúcuta Deportivo. Un pésimo manejo de su propietario, José Augusto Cadena, llevó a que este tradicional y querido equipo perdiera su reconocimiento deportivo y a que la misma SIC ordenara su liquidación, al constatarse múltiples incumplimientos de sus compromisos en materia laboral. Es una verdadera tristeza que se haya tenido que llegar a este extremo. De haber mostrado otra actitud este equipo y también la misma Dimayor, más abierta a las advertencias de las entidades a cargo de ejercer vigilancia y control sobre los clubes, algo se hubiese podido haber hecho cuando la situación no era tan crítica. Pero aquí, lastimosamente, salió otra vez a flote la presunción de intocabilidad detrás de la cual se escudan con tanta frecuencia los clubes, de manera soberbia y dañina para los derechos de los futbolistas. Lo cierto es que la afición motilona hoy llora el fin de su equipo, patrimonio de la ciudad.

Tras el grave escándalo de reventa en la Federación, todo siguió igual, como si nada hubiese sucedido.

Imposible pasar por alto la división que se vive en el seno de la mencionada División Mayor del Fútbol Colombiano. La salida de su anterior presidente, Jorge Enrique Vélez, se dio en un contexto de acusaciones de gravísimas implicaciones y de una feroz pugna entre por lo menos dos bandos. La manzana de la discordia fue una promesa de una jugosa suma que ingresaría a la entidad para ser repartida entre sus socios, correspondiente a los derechos de transmisión de los partidos por fuera de Colombia que hasta hoy sigue embolatada y tiene a muchos clubes con sus finanzas en rojo. Eduardo Pimentel, máximo accionista del Boyacá Chicó, se refirió a supuestos arreglos de partidos e, incluso, a intimidaciones con arma de fuego.

Es un momento complejo, como se puede ver. Pero también, como siempre ante las crisis, es una oportunidad de corregir fallas y vicios que vienen de décadas atrás. La realidad le está mostrando al fútbol profesional que no es invulnerable, que no goza de inmunidad gracias su popularidad. Aceptar esto con humildad ha de ser el primer paso en la nueva dirección.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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