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Una cosecha segura

Una cosecha segura

La buena noticia de una producción abundante exige máximo rigor con los protocolos de bioseguridad.

Está ya casi madura la cosecha cafetera en Colombia, que es una tradición de hace muchos años. El café, como se sabe, sigue siendo un renglón importante de la economía, pese a haber sido relegado por el petróleo y el carbón en los últimos años.

Y, claro está, cada cosecha es una esperanza económica para unas 540.000 familias y para el país, más en estos tiempos de vacas flacas. Se espera que de aquí a diciembre, el periodo de más grande producción, se logren recolectar entre 7,5 y 7,9 millones de sacos de 60 kilogramos. Será histórica en la medida en que los precios favorables del grano en los mercados internacionales permiten calcular ganancias que rondarán los 5 billones de pesos. Pero no hay dicha completa. Este sorbo dulce tendrá lugar en un contexto de pandemia. Por algo, y en buena hora, el querido Juan Valdez anda con el tapabocas puesto y está en campaña para promover las medidas de bioseguridad. Así tiene que ser, pues hay innegables riesgos, que han generado inquietud entre los productores.

Es un verdadero desafío mantener a raya la amenaza del covid-19 cuando se sabe que para recoger el grano se van a necesitar unas 165.000 personas. Como lo informó este diario el lunes pasado, voceros de Dignidad Agropecuaria y Dignidad Cafetera dicen que no es fácil aplicar algunas medidas de los protocolos de bioseguridad en todas las fincas, como el distanciamiento social. Y quizás la principal inquietud sea la movilización de los recolectores, muchos de ellos migrantes, hacia las zonas de cosecha. Válidas preocupaciones, que hay que escuchar con el mayor interés.

Tranquiliza el precedente de la primera cosecha del año, que se pudo recolectar entre marzo y abril sin mayores inconvenientes.

Tranquiliza la voz de gerente de la Federación, Roberto Vélez Vallejo, en el sentido de que sí están preparados y están tomando las medidas necesarias, desde capacitaciones sobre prevención, de forma intensiva; se han estado distribuyendo 100.000 cartillas y 100.000 volantes; se ha recurrido a la creación de bolsas de empleo locales para emplear personas de la comunidad que inclusive han perdido sus trabajos; hay registros para quienes arriben a las terminales y estaciones de buses; también, chequeo de síntomas, carnetización y protocolos de seguridad permanente, con la experiencia de la primera cosecha del año, entre marzo y abril, cuando ya había llegado el coronavirus al país. Entonces se recogieron 6,2 millones de sacos.

Lo cierto es que no se puede ahorrar ningún esfuerzo. Si es el caso, hacer acompañamiento de campo, y verificar adecuaciones, pues en muchas fincas los trabajadores necesitan campamentos de estadía. Es importante estar alerta para que el nerviosismo y la necesidad de proteger a las comunidades no den pie a actitudes de rechazo a los migrantes.

Esta tiene que ser una tarea y un esfuerzo de todos, de la Federación, de las alcaldías, de los comités locales, de los caficultores y de los recolectores. El cultivador hace enormes esfuerzos para lograr una cosecha rentable. El proceso de recolección es asimismo la gran oportunidad de miles de personas para lograr un empleo y tener una Navidad mejor con sus familias. El reto enorme es cuidar la salud de todos, aislar a tiempo cualquier brote y cumplir protocolos para que el virus no haga su triste cosecha.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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