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Trump y las líneas rojas

Trump y las líneas rojas

Su discurso en la convención dio la impresión de que él y sus seguidores viven en otra realidad.

Los más de 70 minutos que duró el discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al cierre de la convención republicana, si se mira con cuidado, son un reflejo fiel de lo que han sido los casi cuatro años de su mandato: una pertinaz intención de cruzar las líneas rojas de una democracia orgullosa, noticias falsas o verdades a medias, tergiversaciones, frases sacadas de contexto y una exaltación de su propia figura hasta unos niveles nunca vistos en la Casa Blanca.

Tras escucharlo en el show de la última noche en los jardines de la residencia presidencial, es como si Trump y sus seguidores vivieran en una realidad paralela o en una dimensión desconocida, apuntaban el jueves en la noche los analistas que no salían de su perplejidad cuando en una de las muchas frases grandilocuentes se atrevió a decir que desde Abraham Lincoln ningún presidente había hecho tanto por los afroestadounidenses como él.

Esto, mientras en las afueras cientos de personas protestaban precisamente por su racismo, y se lo recordaban ayer en una multitudinaria marcha cuando se cumplió un aniversario más de ‘Tengo un sueño’, el histórico discurso del líder de las libertades civiles Martin Luther King (1963).

En el país que encabeza las estadísticas trágicas de muertes (más de 181.000) y contagios (casi 6 millones) por covid-19, Trump explicó que su gestión había sido admirable, apegada a la ciencia, y que había convertido a su país en líder mundial contra la pandemia. Y lo dijo frente a casi 2.000 invitados que no guardaron el mínimo distanciamiento social ni usaron tapabocas.

Sus seguidores lo siguen con fanatismo, más allá de sus mentiras, porque encarna la lucha contra lo que les incomoda de su país.

Es el mismo país que destruyó 22 millones de empleos en los últimos meses y que en la actualidad tiene una tasa del 10 por ciento de desempleo, pero Trump lo mostró por el lado de que había creado 9 millones de puestos en los últimos tres meses.

El mismo vaso medio lleno que usó para proclamarse como un presidente abierto a la inmigración, cuando en realidad la ha combatido con un arsenal de decretos que los jueces le han frenado, y aún sueña con su promesa de un muro de fábula en los más de 3.000 km de frontera con México.

A lo largo de su mandato, The Washington Post le ha contabilizado alrededor de 20.000 mentiras, lo que, por supuesto, tiene sin cuidado a sus seguidores, que lo siguen con fanatismo porque de alguna manera encarna la lucha contra aquello que les incomoda de su país.

Hacer proselitismo político desde la Casa Blanca –algo que en otro tiempo hubiera sido un sacrilegio–, o poner al jefe de la diplomacia a hacer campaña desde una nación extranjera no son asuntos indebidos para esa base radical a quien iba dirigido el discurso y que urge movilizar si quiere pelearle las elecciones al demócrata Joe Biden, que es, para Trump y sus muchachos, el ‘caballo de Troya’ que permitirá el advenimiento del comunismo internacional, del Estado Islámico, de los chinos y del caos.

Aunque Biden lo supera en todos los sondeos, Trump tiene intactas sus posibilidades de reelección, pues las encuestas se están apretando y aún faltan los debates, en los que tiene mucho que ganar porque no tiene límites ni escrúpulos. El demócrata, sí.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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