Secciones
Síguenos en:
El destino de las estatuas

El destino de las estatuas

Su caída se trata de un acto simbólico, de un ajuste de cuentas con la historia del país.

Siguen cayendo las estatuas en estos días de protestas sociales. No es un fenómeno de la última semana, ni una peculiaridad de la crisis colombiana, sino una tendencia política que se ha venido viendo en el planeta entero en los últimos años.

Hace unos meses, en medio de las manifestaciones contra la brutalidad policial y el racismo luego del asesinato de George Floyd, cayeron en Estados Unidos y en Europa los monumentos a Leopoldo II, a Colston, a Colón, a Jefferson y a Washington. Y ahora, en el contexto de las marchas del paro nacional que vive nuestro país, han sido derribadas las figuras icónicas de Sebastián de Belalcázar en Cali, de Antonio Nariño en Pasto y de Gonzalo Jiménez de Quesada en el centro de Bogotá.

Se trata, por supuesto, de actos simbólicos, de ajustes de cuentas con la historia del país: por ejemplo, los indígenas misak echaron abajo la estatua del fundador de la capital en la madrugada de ayer, según declararon, para rechazar tanto los “atentados violentos” del conquistador como los de sus descendientes. Y, aun cuando sea un hecho político indiscutible y un llamado de atención a una sociedad en mora de discutir sus desigualdades, resulta inevitable reivindicar la necesidad de aprender de las épicas y las tragedias y las barbaries del pasado: casos como el del derribamiento de la estatua de Nariño, general de la independencia, traductor de los Derechos del Hombre y defensor de los valores republicanos, recuerdan el peligro de desconocer la historia y el riesgo de reescribir los hechos fuera de sus contextos.

Claro, es un ingrediente más dentro de la protesta social, que busca una mayor visibilidad de las expresiones de inconformismo, agresivo, si se quiere, pero lleno de nuevos y complejos simbolismos. En todo caso, conviene reflexionar sobre la corriente de tumbar estatuas, pues, como otra señal de la llegada de una generación con la que tendrá que debatirse el pasado tal como fue.

EDITORIAL

MÁS EDITORIALES

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.