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Tráfico atroz

Tráfico atroz

Estremece saber que mafias se lucran hoy del desespero de madres venezolanas que venden a sus bebés.

Es fatal cuando se encuentra la extrema vulnerabilidad de una población con la codicia insaciable y absolutamente deshumanizada del crimen organizado. Esto es lo que está ocurriendo en Venezuela y su zona fronteriza con Colombia, donde vienen operando mafias dedicadas al tráfico y la comercialización de recién nacidos.

Cuatro personas implicadas en estas actividades ilegales y crueles fueron capturadas en flagrancia el viernes pasado en Cúcuta tras una investigación de Migración Colombia y de la Fiscalía, que rastrean a una red mucho más amplia, encargada de ubicar a madres gestantes necesitadas. Las mujeres son trasladadas a Norte de Santander e ingresadas a clínicas reconocidas, de donde salen con 2 o 4 millones de pesos, pero sin sus hijos.

Según las indagaciones, reveladas por la Unidad Investigativa de este diario, la red logra que se les expidan a los niños registros civiles de nacimiento originales, con nombres falsos, para poder sacarlos del país con rumbo a Ecuador y luego hacia Europa.

Este drama deja ver, una vez más hasta dónde
ha llegado el hambre al otro lado de la frontera y cómo las mafias se aprovechan.

Además de las capturas, las autoridades –con el apoyo de Estados Unidos, España y Francia– lograron recuperar un bebé venezolano y ubicar documentación que podría llevar a otros cómplices y a más pequeños que cayeron en manos de esta infame organización.

Este acto criminal va, incluso, en contra de tratados internacionales que protegen a los menores y están en armonía con la Constitución Política de Colombia, cuyo gobierno concedió protección temporal a migrantes venezolanos, por 10 años, para acoger legalmente a quienes han salido huyendo del régimen de Nicolás Maduro.

Interceptaciones, seguimientos y verificaciones, en los que también han participado miembros del CTI, Inteligencia Militar y la Registraduría, ya permitieron identificar a los cabecillas. Pero, más allá de lo penal, detrás de este ilícito hay una responsabilidad superior por tratarse de recién nacidos, cuyo rastro se puede perder en la maraña de madres necesitadas, intermediarios corruptos y traficantes indolentes de personas.

Este drama deja ver, una vez más, hasta dónde ha llegado el hambre al otro lado de la frontera y cómo diferentes mafias le están sacando provecho a esa emergencia humanitaria. Este es, hasta ahora, el primer golpe de la llamada operación Natus, que busca establecer cuántos bebés han salido ilegalmente por esa vía y en manos de quiénes quedaron.

La Cancillería colombiana, a través de Migración Colombia, ya tiene los primeros resultados de la investigación. Pero las alarmas están prendidas porque se tiene evidencia de que en esta compraventa de recién nacidos también hay madres gestantes colombianas.

De hecho, no se descarta que este caso pueda arrojar alguna pista de Sara Sofía, la niña de 2 años que ya completa 2 meses y medio desaparecida, en medio de versiones encontradas acerca de su paradero, que incluye una sobre su supuesta venta.

De momento, el ICBF intenta restablecerle sus derechos al bebé recuperado. Y las autoridades buscan a los tres líderes de esta organización criminal, que ya están identificados. La lucha debe seguir sin tregua, ante tan atroz delito.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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