Dudosa reelección

Dudosa reelección

Evo, otro de los líderes que usan elecciones para disfrazar de democráticos gobiernos que no lo son.

Por: EDITORIAL
22 de octubre 2019 , 07:44 p.m.

El tiempo les está dando la razón a quienes miraban con marcado pesimismo las elecciones que el domingo pasado enfrentaron en Bolivia al presidente Evo Morales y al opositor Carlos Mesa.

Aunque estas se efectuaran con presencia de observadores internacionales y la moderna tecnología disponible para el proceso de conteo y escrutinio, fueron muchas las voces que advirtieron de cómo los tres periodos consecutivos de Morales en el poder habían hecho mella suficiente en la imparcialidad de las autoridades electorales, en particular el Tribunal Supremo Electoral. Y no eran solo las voces opositoras las que lanzaban alertas, la propia Unión Europea ya había advertido en septiembre que este tribunal gozaba de muy baja credibilidad.

Aun así, hubo unas horas posteriores al cierre de las urnas en las que estos temores parecieron disiparse. Fue cuando los resultados mostraban una ventaja de Morales sobre Mesa de menos de diez puntos con una tendencia a que el margen, de siete puntos de diferencia, se mantuviera, abriendo así las puertas de una segunda vuelta. La Constitución del país andino establece que para que un aspirante resulte vencedor en la primera vuelta, este debe conseguir el 50 por ciento más uno de los votos válidos o al menos el 40 por ciento de los sufragios, con una ventaja de diez puntos con respecto al segundo.

Desde diferentes orillas, incluida la Unión Europea, había advertencias sobre la escasa confiabilidad que brindaban las autoridades electorales

Pero todo cambió a las 8 de la noche cuando, sin razón válida, se suspendió abruptamente el conteo. Veinte horas después se reanudó, y para entonces las cifras mostraban un panorama muy diferente, contra lo que proyectaban las tendencias hechas a partir de los datos conocidos hasta la interrupción del proceso. Con un 95,3 por ciento de votos contabilizados, la ventaja de Morales sobre Mesa era del 10,1, guarismo que le garantizaba la victoria sin necesidad de balotaje.

Este giro, que desafortunadamente no puede calificarse de inesperado, generó todo tipo de reacciones. Desde multitudinarias protestas callejeras hasta un comunicado de la Organización de Estados Americanos (OEA) en el que expresa su “preocupación y sorpresa por el cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados preliminares conocidos tras el cierre de las urnas”. Todo esto mientras se daba cuenta de denuncias acerca de la aparición de tarjetones marcados en calles de La Paz y de otros tantos que estarían almacenados en una casa en Potosí.

Morales, que ya en 2016 había hecho caso omiso de los resultados de un referendo que buscaba impedir su cuarta reelección, no parece inmutarse ante las reacciones que los hechos recientes han producido en su país y el exterior. Aunque al escribirse estas líneas aún no se había revelado un resultado definitivo, existen motivos para considerar una verdadera lástima que cada vez haya más evidencias de que se ha sumado al club de aquellos líderes para quienes las elecciones han pasado a ser una herramienta que permite darles un dudoso revestimiento democrático a regímenes que cada vez pueden esconder menos su carácter autoritario.

editorial@eltiempo.com

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