Dieta mortal

Dieta mortal

Alarma que uno de cada cinco decesos globales al año esté vinculado con dietas que dañan
el corazón.

Por: EDITORIAL 
12 de abril 2019 , 08:29 p.m.

Confirmar que cada año mueren 11 millones de personas en el mundo por culpa de la mala dieta que consumen, además de alarma, debe generar acciones decididas para atenuar esa situación, en razón de que puede ser plenamente prevenible.

Y tal número de muertos, muchos más que los causados por el tabaco en el mismo lapso, está lejos de ser una exageración sin sustento porque es producto del mayor estudio en su género, basado en la carga global de enfermedades de 195 países, recientemente publicado en The Lancet y que apunta a convertirse en uno de los mayores soportes epidemiológicos del planeta.

Faltan la voluntad política, el compromiso solidario de la industria y la participación responsable de toda la comunidad.

Sin atenuantes, dicho análisis concluye que uno de cada cinco decesos globales al año está vinculado con dietas de mala calidad que esencialmente dañan el corazón y causan enfermedades letales como el cáncer y la diabetes, consecuencias ligadas, por un lado, a la carencia equilibrada de nutrientes y, por otro, a malos hábitos alimentarios, que campean en la sociedad industrializada de hoy.

Basta ver, por ejemplo, que solo el exceso de sal en la comida termina con la vida de 3 millones de personas, que la carencia de granos integrales en los platos arrasa con otros 3 millones y la baja ingesta de frutas y verduras responde por 2 millones más, a lo cual hay que agregarle que los excesos de carnes rojas, la falta de grasas saludables y de proteínas de buena calidad responden por otro buen número.

Pero, una mirada más cercana al vecindario muestra que las comidas saladas y las bebidas endulzadas con azúcar superan en América Latina las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud en proporciones preocupantes, lo cual se convierte en un campanazo de advertencia para los gobiernos y sus autoridades de salud, porque esto demuestra la oferta no regulada de alimentos ultraprocesados, jugos y refrescos con glucosas añadidas, frente a los cuales los niños y los jóvenes son los más expuestos.

Y, por los lados del país, saber que –según el estudio– por el mal comer anualmente se mueren 143 personas por cada 100.000 habitantes (tres veces más de los desaparecidos en Armero) no deja bien parada ninguna política de seguridad alimentaria y exige una recia reorientación en este sentido, para beneficio de todos.

Las metas tienen que ser claras, bajo la premisa de que salvar vidas en este caso depende más de normas, educación a todo nivel, regulación, etiquetados, controles y seguimiento objetivo de factores económicos que, si bien son necesarios, no son vitales porque el país podría ser proveedor en extenso de los elementos básicos para una dieta saludable, como ninguna otra nación en el mundo.

La fórmula es sencilla: frutas, verduras y cereales en buenas cantidades, proteínas de alto valor biológico, pocas carnes rojas, alimentos procesados limitados completamente en la niñez y cero bebidas endulzadas. Todo esto en cantidades justas y en equilibrio, lo cual resulta a la postre más económico que lo que hoy comen los colombianos.

Como siempre, solo faltan la voluntad política, el compromiso solidario de la industria y la participación responsable de toda la comunidad. Ojalá desde alguna esquina se lideren estos cambios, para el bien de todos.

editorial@eltiempo.com

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