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Destino esperado

Destino esperado

El 'Paisa' y 'Romaña' terminaron sus días entre la codicia, la traición y sin reparar a las víctimas

Ayer en la mañana, cuando las autoridades todavía intentaban acceder a más detalles sobre la muerte de Hernán Darío Velásquez, alias el Paisa, informes de inteligencia reportaron la muerte de otro exintegrante de las Farc y compañero de este último en la disidencia autodenominada ‘Nueva Marquetalia’, Henry Castellanos Garzón, alias Romaña.

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Tras conocerse ambas noticias, no fueron pocos los colombianos que notaron todo lo que ambos tuvieron en común en sus vidas y en su trayectoria criminal. Los dos ocuparon escalones altos en la jerarquía de la antigua guerrilla, ambos fueron el terror de regiones enteras a raíz de prácticas atroces como el secuestro o las infames pescas milagrosas y, por último, ninguno de los dos le apostó a la paz, abandonando el proceso poco después de firmado el acuerdo, para dedicarse de lleno al narcotráfico. Una actividad que, desde luego, ya conocían al dedillo desde sus tiempos en las filas guerrilleras.

Junto con alias Jesús Santrich –muerto en circunstancias similares– y a 'Iván Márquez' huyeron a Venezuela, donde tenían al comienzo la certeza de estar a salvo, habida cuenta de la comprobada tolerancia, incluso complicidad, del régimen de Maduro con las organizaciones criminales colombianas. Entorno seguro que hoy está bajo interrogante, no porque desde Miraflores exista un compromiso por acabar con el crimen organizado, sino por la naturaleza propia del tejemaneje criminal, donde en un marco de constantes tensiones y disputas para acceder a las rentas ya nadie parece a salvo del otro lado de la frontera. Es un escenario en el que el régimen de Maduro es apenas un actor más.

Es inevitable, así mismo, mirar la suerte de
estos tres exguerrilleros a la luz de lo que
ha ocurrido con
sus antiguos compañeros.

El caso es que a falta todavía de conocer más detalles, sobre todo en lo que concierne a la muerte de 'Romaña', se puede decir que las circunstancias en las que se produjeron ambos decesos muestran qué tanto estaban inmersos –en especial Velásquez– en un entramado de codicia, ilegalidad y, en fin, degradación. Sin más propósito que la acumulación frenética de capitales mal habidos, en un contexto en el que solo parece imperar la ley del más fuerte y en el que la desconfianza es el dogma supremo.

Es inevitable, así mismo, mirar el destino de estos tres exguerrilleros a la luz de lo que ha sucedido con sus antiguos compañeros que le apostaron a la paz. Más allá de las valoraciones que se puedan hacer con respecto a cuestiones que atañen a su reintegración a la civilidad, es claro que estos transitan hoy por una senda bastante distinta, lejos de las armas. Es más, varios de ellos se encuentran a la espera de los castigos de la justicia transicional y en una ruta para que cuenten toda la verdad.

Así las cosas, no queda sino resaltar cómo una vez más se demuestra que quienes deciden encaminar su existencia por los vericuetos del delito deben saber que lo más probable es que sus días terminen, así como los del ‘Paisa’ y ‘Romaña’ de manera abrupta y violenta, en medio de la zozobra y, signados por la traición. Todo para desgracia de sus no pocas víctimas, que en algún momento se ilusionaron con que la verdad que se llevaron sanara sus heridas.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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