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Desplome crudo

Desplome crudo

La caída del petróleo se traduce en golpes a la economía colombiana en los frentes fiscal y externo.

La industria global del petróleo atraviesa una de sus coyunturas más críticas de las últimas décadas. La propagación del coronavirus por todo el planeta ha generado un severo choque a la demanda del crudo que ha caído, de acuerdo con algunas estimaciones sectoriales, a los 25 millones de barriles por día. Con un mundo con sus fábricas, su comercio y sus servicios semiparalizados por las cuarentenas, la sed por el oro negro ha bajado.

Si por los lados de demanda la pandemia generó esta lluvia, por los de la oferta, la geopolítica no escampa. El pulso entre Rusia y Arabia Saudita desató una guerra de precios que implica la entrada de barriles al mercado que empujan los precios a la baja. Como resultado de estos choques simultáneos, los precios internacionales del petróleo registraron ayer el peor desplome trimestral.

En los tres primeros meses de este año, tanto el Brent como el WTI perdieron aproximadamente 66 por ciento de su valor. Esta dinámica ha llevado el precio del barril a niveles tan bajos –entre 20 y 25 dólares– que no se veían desde hace casi dos décadas.

El impacto de los bajos precios
del barril a las finanzas públicas afectará al Gobierno en momentos de necesidad de gasto.

Aún es pronto para visualizar la magnitud total de las transformaciones que esta situación desencadenará en la industria petrolera, pero seguramente no serán pocas y con gran impacto. Por ejemplo, con un barril alrededor de los 20 y 25 dólares, los costos de explotación se convierten en una variable mucho más definitiva, con consecuencias en la viabilidad económica de yacimientos no convencionales, entre otros.

Pero, mirando ya directamente a Colombia, la difícil coyuntura de los precios del petróleo se traduce en golpes duros en varios frentes de la economía nacional. Golpes que deben generar preocupación desde ya.

El primero tiene que ver con la renta petrolera, que sustenta en una parte importante las finanzas del Estado. Los bajos precios del crudo implican menores ingresos a la caja de la Nación para el año próximo. Anif calcula que por cada dólar menos en el precio del Brent por debajo de los 50 dólares, el Estado colombiano deja de percibir ingresos de alrededor de medio billón de pesos.

Un segundo efecto toca la actividad sectorial. Los precios bajos desaceleran la producción nacional de hidrocarburos. Las estadísticas de producción de febrero pasado muestran una reducción de 1,6 por ciento en comparación con el mismo mes del 2019. De mantenerse esta situación, las consecuencias para las empresas del sector, vital para las regalías y para el desarrollo de las regiones donde operan, serían negativas.

Otro impacto es el de las exportaciones del crudo y el déficit de cuenta corriente. Fedesarrollo ha estimado que en un escenario de 25 dólares por barril, el déficit de cuenta corriente alcanzaría el 6,2 por ciento del PIB. Si tenemos en cuenta que el precio sobre el cual Ecopetrol da ganancias es de 30 dólares por barril, se entiende que la empresa anuncie que con estos niveles no podría entregar utilidades el próximo año. Lo más grave es que no se ve luz al final del túnel para esta crisis de la industria petrolera en momentos en que el Estado necesita todos los recursos posibles para combatir la pandemia del coronavirus y sus impactos.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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