Desaparición de EPS

Desaparición de EPS

Liquidaciones de Cruz Blanca y Emdisalud hablan de la inestabilidad del aseguramiento sanitario.

Por: EDITORIAL 
10 de octubre 2019 , 08:32 p.m.

Que desaparezca una empresa que responde por la salud y el bienestar de una parte de la población jamás será una buena noticia. Sin embargo, cuando esto se da, luego de muchos intentos fallidos por salvarla y con el objetivo de evitarles traumatismos a sus afiliados, tiene que aceptarse con optimismo prudente.

En ese contexto, las liquidaciones de Cruz Blanca y Emdisalud –dos EPS que desde hace varios años venían dando tumbos– vuelve a poner sobre el tapete la estabilidad del aseguramiento sanitario en el país, dado que estos son desenlaces a los que pueden llegar otras entidades de ese tipo si no se buscan soluciones estructurales para los problemas que afectan esa arista del sector.

Porque si bien, por un lado, puede calificarse de valiente el actuar del superintendente nacional de Salud al tomar estas decisiones dilatadas por mucho tiempo, por otro, deja al desnudo las grietas financieras y asistenciales que arrastran todas estas corporaciones y ponen en riesgo la garantía del derecho fundamental a la salud de los colombianos. Y es que no se puede ocultar que las erosiones patrimoniales que por la falta de claridad y agilidad en el flujo de recursos que les llegan del sistema, sumadas a mala gestión y desordenes internos, ubican hoy a las EPS en un escenario movedizo que amenaza con derrumbarse sobre todo el sistema de salud.

La situación exige una mirada profunda a todas las estructuras del sistema de salud. Y esto empieza desde el Congreso

Esto no es exagerado, porque las deudas atrasadas debido a los graves problemas de auditoría que con todas ellas tiene la Adres (banco de la salud) se han convertido en una égida que impide valorar con claridad otras falencias y vicios que impactan negativamente en la calidad de los servicios que prestan.

Con excepciones de rigor, la falta de redes óptimas, de modelos de atención que equilibren la prevención y el manejo de la enfermedad, la carencia de indicadores basados en el bienestar, además de los tortuosos flujos de recursos hacia sus prestadores, son males de la mayoría de estas empresas, en especial de las ubicadas en las zonas con la población más vulnerable.

Basta ver que son contadas las EPS que cumplen con los requisitos para recibir a los 312.000 afiliados que salen de Cruz Blanca y a los 440.000 de Emdisalud, tanto que si se llegara a liquidar una empresa con un número mayor de asegurados, pondría en graves aprietos a dicha población y el sistema de salud.

No sobra reconocer que algunas –muy pocas– EPS hacen esfuerzos por garantizarle de manera decorosa la cobertura asistencial a toda la gente por la que responde. De no ser por ellas, tendría que plantearse un horizonte que modificara sustancialmente las características de los ejecutores del aseguramiento.

Aquí vale la pena plantear: ¿será que al eliminar las EPS se acaban los problemas que arrastra la salud? Parte de la respuesta la dan lo que ha quedado de la desaparición de un buen número de ellas, las intervenciones prolongadas y la vigilancia especial a las que la mayoría son sometidas. Por ahora, valga decirlo, este no es el camino si se quiere mejorar. La situación exige una mirada profunda a todas las estructuras del sistema. Y esto empieza desde el Congreso, donde se olvida que –a veces– el remedio resulta peor que la enfermedad.

editorial@eltiempo.com

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