Secciones
Síguenos en:
Del papel a la práctica

Del papel a la práctica

En salud mental urge poner el foco en inversión, investigación y acciones de carácter preventivo.

La salud mental es una de las áreas más desatendidas en el contexto de la salud pública mundial. Tanto que la OMS calcula que cerca de 1.000 millones de personas viven con un trastorno mental en el planeta y, al menos, 3 millones mueren cada año por consumo nocivo de alcohol y cada 40 segundos una persona se suicida.

Lo grave es que estas alarmantes cifras tienden a crecer por causa del covid-19, tanto que ya, según algunos expertos, se orienta hacia una nueva pandemia. Esta situación empeora porque pocas personas en todo el mundo pueden acceder a servicios específicos, que en el caso de los países de ingresos bajos y medios dejan al 75 % de los afectados sin ningún tipo de tratamiento.

Basta ver, por ejemplo, que la mayoría de los países gastan en promedio el 2 % de sus presupuestos sanitarios para cubrir estas necesidades y si bien ha habido algunos aumentos en los últimos años, la asistencia internacional para el desarrollo en este campo nunca ha superado el 1 % de todos los aportes destinados a la salud en general.

De ahí que en la semana que el mundo dedica a hablar de la salud mental, el llamado general es para que se ponga el foco en este tema, no solamente en términos de intervención, sino en inversión, en investigación y en acciones concretas de carácter preventivo que lleguen a toda la población.

En Colombia, los estragos de la pandemia
han sido especialmente severos en este campo, sobre todo entre los adolescentes.

Colombia es uno de los países que más pérdidas de años saludables tiene por enfermedades mentales, un dato que refrenda la Organización Panamericana de la Salud (OPS), al decir que el 19 % de toda la vida que se pierde por discapacidad se deriva de este tipo de problemas. El impacto que ha tenido la pandemia sobre las emociones de los colombianos ha sido significativa. Aquí hay que decir que antes de la actual contingencia epidémica ya existía una crisis en estas áreas que, de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Salud Mental, evidenciaba que 10 de cada 100 adultos y el 12 % de los adolescentes presentaban algún problema de este tipo que requería atención, con el agravante de que solo 1 de cada 10 lo recibía de manera integral.

Sin embargo, esta situación deja entrever que se incrementó por la pandemia y hay que dejar claro que los determinantes sociales medidos en términos de inequidad, desempleo, desajustes familiares, abandono escolar y falta de oportunidades se convirtieron en detonantes para aumentar la incidencia de estas patologías. Para la muestra, hace poco un estudio de la Universidad Javeriana dejó entrever que el 68,1 % de los adolescentes presentaban algún tipo de depresión; y de ellos, 17 % tenía rasgos graves, a la par que el 53,4 % del total evidenciaba niveles de ansiedad, todo por causa de la pandemia.

Del mismo tenor es el análisis dado a conocer en un informe especial por este diario sobre la afectación de la pandemia en los valerosos trabajadores de la salud y que deja claro los elevados índices de ansiedad y depresión, también sin intervención, que muestra este grupo. Llama la atención que al poner este asunto sobre la mesa, aparecen los estudios, los diagnósticos, las políticas y hasta los presupuestos que a las claras invocan que el tema de la salud mental en el país debe pasar con urgencia del papel a la práctica.

EDITORIAL EL TIEMPO

MÁS EDITORIALES

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.