Deforestación: es en serio

Deforestación: es en serio

Este tema debe ser prioridad del Gobierno. Requiere una política que vaya más allá de lo punitivo.

Por: Editorial
22 de octubre 2018 , 10:07 p.m.

Hoy no hay quien discuta, por fortuna, que detener la deforestación es uno de los principales desafíos del país. No solo están en juego las especies vegetales y animales que habitan los bosques. Los ecosistemas en riesgo por la tala indiscriminada son también vitales para regular el clima y, por esta vía, la seguridad alimentaria de millones de personas, así como la provisión de agua de las ciudades. 

El ejemplo más concreto es el de la importancia de la Amazonia en los ciclos de lluvias, que le permiten al páramo de Chingaza proveer del líquido a Bogotá.

Un reto que, además, tiene una dimensión global: la preservación de los bosques y lo que se haga en materia de su recuperación y protección es una de las áreas claves para lograr que la temperatura promedio del planeta no aumente a niveles críticos, es decir, dos grados o más. En el marco del Acuerdo de París, Colombia se comprometió a reducir a cero la deforestación para 2020, meta que, dada esta realidad, ya fue replanteada.

Y se reformuló ante las actuales cifras, que muestran un muy preocupante aumento del número de hectáreas de bosque desaparecidas. El año pasado se perdieron 219.973, 23 por ciento más que en el 2016. Para el año en curso, ya hay alertas tempranas que vuelven a encender las alarmas, en particular en San Vicente del Caguán, en el departamento de Caquetá. Está claro que las nuevas circunstancias de territorios que fueron escenario del conflicto con las Farc han permitido que se dispare esta cifra.

En la selva amazónica, Chocó y el nudo de Paramillo, los grupos armados que quedaron tras el fin de las Farc ven en la tala de bosque una actividad favorable para sus intereses. Y la estimulan.

La respuesta a cómo pasar esta página implica lograr una presencia real e integral del Estado en sitios donde el fenómeno es crítico

En la medida en que el fenómeno no da señales de ceder, sino todo lo contrario, y en vista de lo crítico del asunto, es necesario lanzar un nuevo y urgente llamado para que el Gobierno lidere una respuesta efectiva. Sería injusto desconocer que ya ha habido esfuerzos, como el plan burbuja de la Fuerza Pública y la unidad especial de fiscales, creada por esta entidad con el fin de atacar las mafias que impulsan la tala. Pero falta más.

Hay que entender por qué la tala de bosques no siempre es vista como algo negativo en donde ocurre. Aunque –insistimos– sería necio desconocer el papel del crimen organizado, es una realidad que muchos actores en estas zonas, atados a ciertos paradigmas del desarrollo, siguen viendo los bosques como un obstáculo en lugar de valorar su enorme potencial en términos de la provisión de bienes y servicios ambientales.

Para que las acciones sean más efectivas, es fundamental tener una mayor comprensión de muchos factores que hoy la impulsan, con el propósito de desactivarlos de formas que no necesariamente pasan por las vías punitivas. Las acciones judiciales y policivas son muy importantes, sí, y deben fortalecerse, pero tienen que venir de la mano de un trabajo conjunto con las comunidades. Como con otros tantos desafíos que hoy enfrenta Colombia, la respuesta a cómo pasar esta página implica lograr una presencia real e integral del Estado en aquellos territorios donde el fenómeno es más crítico.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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