De cara a las apuestas

De cara a las apuestas

Hay que hacer más para prevenir el impacto patológico que tiene el juego en personas vulnerables. 

Por: EDITORIAL
15 de julio 2019 , 07:45 p.m.

Nadie podría discutir que los más de 25.000 millones de pesos que el sistema de salud ha recibido solo este año por tributos de las apuestas deportivas en internet son bienvenidos, en razón de que esta es una nueva fuente de recursos que caen muy bien en un sector necesitado. El papel que ha desempeñado Coljuegos al lograr llevar a la legalidad esta actividad y convocar de manera transparente a empresas que creen en el sistema (17 en dos años) también merece el debido reconocimiento y el apoyo.

Sin embargo, ninguno de esos argumentos riñe con la necesidad imperiosa de evitar que por esta vía se deslicen elementos que afectan, paradójicamente, la salud colectiva. Se trata, sin más, de prevenir el impacto patológico que el juego tiene en personas vulnerables, como los menores de edad.

Hoy, más de 2,5 millones de colombianos ya están registrados para apostar en línea, y se espera que –como corresponde– todos ellos estén amparados por elementos de seguridad, seriedad y la inevitable idea de jugar de manera responsable.

No se puede propiciar el incremento de factores de riesgo, hay que tomar nota de
lo que ya se ha hecho en
otros países

Pero en este contexto parece haber una grieta que debe cerrarse lo más pronto posible: la forma como se promueven. Para la muestra está que en la transmisión por televisión de los dos eventos deportivos más llamativos de los últimos días, las finales de la Copa América y el abierto de tenis de Wimbledon, los anuncios que invitaban a apostar coparon los espacios comerciales en horarios familiares.

El punto es que esto no es inofensivo. En un país donde la enfermedad mental crece en todas las edades, no se puede propiciar el incremento de factores de riesgo que puedan desencadenar adicciones, principalmente entre la población más joven. Y una de ellas sin duda es la ludopatía, que según la evidencia puede sembrarse en cerebros en formación a partir de estímulos externos como la publicidad.

No son alarmismos, sino elementos concretos, desde los planos técnico y científico, que ya han sido exigidos en otros países. Inglaterra limitó la publicidad a horarios nocturnos y nunca durante las transmisiones en vivo, lo mismo que Bélgica. Por su parte, Italia –más radical– la eliminó de tajo, prohibiendo, incluso, los patrocinios a los equipos de fútbol. Y es que además, en varios países se ha procurado establecer robustas barreras entre este ámbito y el deportivo para evitar que inescrupulosos que apuestan de forma compulsiva traigan nubarrones sobre la credibilidad de las competiciones.

En Colombia, donde el 10 por ciento de la población padece algún trastorno emocional que amerita tratamiento, es un imperativo referenciarse en estos ejemplos.

Lo que procede es invitar a la autorregulación en este sentido a las empresas, a que Coljuegos persista en reforzar las ideas de juego responsable y a que las figuras públicas e influenciadores que son referentes para las nuevas generaciones entiendan las implicaciones de este problema.

Proteger a los niños y jóvenes contra riesgos como este también es una inversión para las flacas finanzas de la salud.

editorial@eltiempo.com

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