Darle vía a la vida, en Bogotá

Darle vía a la vida, en Bogotá

Las medidas tomadas para reducir la violencia del espacio vial deben incluir cultura ciudadana.

Por: EDITORIAL 
16 de agosto 2019 , 08:30 p.m.

Bogotá ha venido implementando una serie de iniciativas tendientes a frenar a toda costa la violencia generada en el espacio vial, el mismo al que cada vez le aparecen más protagonistas: desde el transporte de carga hasta el ilegal de pasajeros, mensajería y, ahora, patinetas. Esa mayor competencia por la movilidad provoca mayores infracciones y estrés, que en no pocos casos se traducen en incidentes fatales en los cuales el peatón lleva la peor parte.

Una de las más recientes medidas fue la adopción de comparenderas electrónicas. Ya la policía no tendrá que cargar libretas de papel, lo que en la práctica resultaba obsoleto y quitaba tiempo. Los nuevos aparatos, conectados a internet y con GPS, permitirán que la sanción tarde cinco minutos y no media hora, al tiempo que facilitará a la persona amonestada conocer el tipo de multa, la forma de pago o los cursos que debe tomar.

La capital estaba en mora de adoptar este tipo de tecnologías. Como también de tener un sistema de semaforización inteligente o cámaras que ayuden a las autoridades a cumplir su labor eficazmente. Estas últimas, que ya se usan en otras ciudades, son capaces de identificar una placa y determinar si el vehículo en cuestión tiene algún problema o si debe infracciones. Todas, disposiciones necesarias en una urbe cuyo parque automotor se estima en 2 millones de vehículos y que solo cuenta con mil agentes de tránsito.

Si los ciudadanos van a pagar
por nuevas tecnologías, lo mínimo que esperan es una mejor actitud de los conductores

Las nuevas herramientas seguramente no gustarán a quienes se sienten con patente para violar las normas. De hecho, de las 476.799 multas impuestas hasta julio (186.000 de forma electrónica), la mayoría por mal parqueo, solo habían sido pagadas 258.736, el 54 por ciento.

Ahora bien, es de esperar que los millonarios recursos destinados a todo esto se vean reflejados en un mejor comportamiento. Porque la ciudadanía advierte que el relajamiento ha propiciado la invasión de los andenes, que muchos no respeten los 50 km/h de velocidad permitida o que los escoltas siguen creyendo que para ellos no rige la ley. Si los ciudadanos van a pagar por contar con nuevas tecnologías, lo mínimo que esperan es una actitud más racional de los conductores. Y viceversa, que no suceda lo denunciado por este diario recientemente: que a algunos les aparezcan comparendos cuando ni siquiera han tenido licencia de conducción.

Finalmente, cabe advertir que ni las cámaras ‘salvavidas’, como serán llamadas, ni los semáforos de conteo o inteligentes ni los reductores de velocidad y demás estrategias serán paliativo para el mal comportamiento de quienes hacen uso del espacio público. Las medidas implementadas requieren un importante componente de cultura ciudadana. De nada sirve gastar recursos si el principal responsable, el ciudadano –llámese conductor o peatón– no sabe utilizar un espacio en el cual confluimos todos, si sigue haciendo trampa con la revisión técnico-mecánica, sacando licencias fraudulentas o comprando repuestos de dudosa calidad y origen. De lo que se trata es de usar la tecnología para darle vía a la vida como parte de una estrategia de responsabilidad compartida.

editorial@eltiempo.com

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