Crimen en las fronteras

Crimen en las fronteras

El informe de la Fundación Ideas para la Paz prende las alarmas sobre situación en zonas limítrofes.

02 de septiembre 2018 , 11:10 p.m.

El que en las fronteras del país hoy se concentren tantas expresiones del crimen organizado no solo es preocupante, sino que de paso deja claro que cualquier acción que se pretenda contundente y estructural contra estos flagelos, necesariamente pasa por la coordinación con la comunidad internacional o, por lo menos, con los países del área.

El informe de la Fundación Ideas para la Paz, que se dio a conocer la semana pasada, trae cifras inquietantes sobre cómo distintas modalidades criminales se vienen consolidando en los territorios fronterizos. Estos, como lo señala la investigación, son claves para el país, no solo por las obvias razones geográficas sino también por su potencial energético, los recursos naturales que albergan y la biodiversidad.

El narcotráfico, el tráfico de personas –entre ellas, de los migrantes–, la minería ilegal, el contrabando, la explotación sexual son las principales actividades que nutren economías fuera de la ley en las áreas limítrofes. Estas son el caldo de cultivo ideal para el fortalecimiento y la expansión de organizaciones criminales como el Eln, las disidencias de las Farc y el ‘clan del Golfo’, entre muchas otras, que viven de estas rentas, todas manchadas con sangre.

Desafíos con raíces en todo el continente exigen nuevas maneras de enfrentarlos y coordinación con la comunidad internacional

Es evidente que la mayoría de estas zonas no han sido nunca referentes de paz e imperio de la ley. Pero es cierto también que hechos como el fin de las Farc y la brutal crisis a todo nivel que padece Venezuela han logrado que la situación adquiera nuevos y preocupantes matices que tienen que ver con las disputas entre grupos armados y el éxodo masivo de ciudadanos de este país vecino. Este último problema no se limita a la frontera venezolana, sino que se extiende a todas las demás dado que quienes huyen, en gran porcentaje, buscan llegar a países del sur del continente.

El informe señala que en el Catatumbo, vasta y neurálgica región fronteriza con Venezuela, los homicidios aumentaron 19 por ciento este año, mientras que entre marzo y julio 16.000 personas han sido víctimas de desplazamiento forzado. En el borde con Panamá, el aumento de homicidios también es alarmante: 31 por ciento han crecido este año. En el límite con Perú y Ecuador, 219 personas han sido asesinadas en el último año y medio. Un panorama muy complejo, como se ve.

Los autores del trabajo señalan diez puntos que merecen especial atención del Gobierno. Entre ellos, la vulnerabilidad de las poblaciones indígenas y el creciente reclutamiento de menores por parte, entre otros grupos, del Eln, organización cuyo fortalecimiento a expensas, sobre todo del narcotráfico, también prende las alarmas. Se refieren, así mismo, a la manera ‘bilateral y reactiva’ con ‘problemas para generar confianza’ como Colombia y las naciones del área han afrontado estos problemas. Aquí está la clave: desafíos como estos, con raíces en todo el continente, exigen nuevas maneras de enfrentarlos que combinen audacia, confianza y coordinación. Así se mantiene a raya el crimen y se fortalecen las relaciones entre los países suramericanos, algo que a la larga hace más robustas las democracias para mayor bienestar de la gente.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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