Cooperación por Malpelo

Cooperación por Malpelo

La biodiversidad de Malpelo en el Pacífico sigue vulnerable ante faenas de pescadores ilegales.

Por: Editorial
05 de mayo 2019 , 11:16 p.m.

La vasta biodiversidad de Malpelo en el Pacífico sigue siendo vulnerable ante las faenas de pescadores ilegales. El más reciente operativo de la Armada Nacional, que capturó a 27 personas, vuelve a llamar la atención sobre este persistente crimen ambiental. La cooperación internacional es necesaria para frenar la depredación del medio marino, debido a que la mayoría de embarcaciones implicadas son extranjeras.

Tras casi 14 años de su declaración como área protegida, y después de ser expandido a cerca de 2’700.000 hectáreas en 2017, las medidas necesarias para blindar el Santuario de Fauna y Flora de Malpelo siguen sin cumplirse por completo. Colombia ha avanzado en cuanto a legislación interna, pero la ausencia de voluntad política para aplicar normas internacionales de control –así como la falta de cooperación en inteligencia militar con países vecinos como Ecuador, Costa Rica, Nicaragua o Panamá– demora acciones más efectivas para contrarrestar estas prácticas ilegales.

Otra medida clave es un monitoreo satelital permanente para todas las áreas del vasto santuario con el fin de tener documentación y vigilancia más precisa sobre las zonas a las cuales están llegando estas embarcaciones.

La pesca ilegal en el área protegida, sin distinguir las especies que quedan atrapadas en las largas líneas de anzuelos, está poniendo en peligro especies como los emblemáticos tiburones e incluso dañando los corales especiales de esa área. Los asaltos a estos ecosistemas pueden llevar rápidamente a colapsos en las poblaciones y desencadenar otros desequilibrios ecológicos. El drama de la pesca ilegal se debe ver en el contexto de otras problemáticas, como el cambio climático, que hoy tiene bajo presión los océanos.

Las alarmantes noticias sobre Malpelo también deben extender una alerta sobre lo que ocurre en otros sitios fronterizos, como la reserva Seaflower en San Andrés y en Nariño, cerca de Ecuador. Colombia no puede desatender estos conflictos, que piden con urgencia mayor atención política.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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