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Un acuerdo ejemplar

Un acuerdo ejemplar

Convenios entre Nación, Alcaldía y Gobernación de Cundinamarca para obras viales son un gran paso.

Los astros siguen alineados en la relación entre la Alcaldía de Bogotá y la Gobernación de Cundinamarca. La última seña de ese buen entendimiento, que incluye ahora al Gobierno Nacional, tiene que ver con la firma de una serie de convenios que buscan trabajar conjuntamente en el desarrollo de obras viales para la región. Y no se trata de cualquier proyecto. La mayoría de ellos se relacionan con corredores viales que, de concretarse, podrían aliviar un cuello de botella permanente en el flujo de transporte de carga, pasajeros, vehículos particulares y ciclistas. Pero además, contribuir al afianzamiento de importantes clústeres industriales.

Hace apenas un par de días los tres gobiernos hicieron pública esa alianza con la firma de acuerdos para hacer realidad el Regiotram de Occidente, TransMilenio por la calle 13, intercambiadores viales en Mosquera, prolongación de vías como la ALO (24,5 kilómetros), la calle 63, la perimetral de la Sabana (56 kilómetros), todos en el borde occidental de la capital, una de las zonas más estratégicas hoy en día, según la alcaldesa Claudia López. Dentro del paquete de acuerdos se incluyó la ampliación de la autopista norte y la carrera 7.ª entre las calles 192 y 245, idea que viene impulsándose de tiempo atrás.

Cuando se mira en detalle el ambicioso plan, lo que llama la atención es que, tratándose de corredores tan estratégicos para Bogotá y la región, no se haya contado hace tiempo con una estrategia de transporte y movilidad diseñada a la altura de lo que ello representa para la industria, el aeropuerto, las zonas francas y la conectividad con otras regiones del país. Muestra de que lo que había hecho falta no eran solamente recursos o un entramado de normas sobre quién tenía la competencia institucional, sino voluntad política. Como lo expresó la ministra de Transporte, Ángela María Orozco, “es un reto conjunto” para guiar a la región hacia una “movilidad urbana, regional y sostenible”.

Lo que había hecho falta no eran solamente recursos o normas sobre quién tenía la competencia, sino voluntad política.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que por el momento se trata de convenios sobre estudios y diseños, luego vendrá el tema decisivo de los compromisos financieros que a cada quien le correspondan y otras arandelas como la articulación de esquemas tarifarios en el transporte público (TransMilenio y Regiotram), la implementación de peajes urbanos o el número de intersecciones a las que se enfrentaría el Regiotram dentro de la ciudad. Capítulo aparte merece la calle 13, objeto de polémicas recientes, precisamente por reparos del gobernador Nicolás García tras la imposición de una ciclorruta, sin mucho rigor técnico, en un corredor que en esencia conecta importantes centros de logística y carga. Por otro lado, vale la pena que la Administración mire con más detalle los estudios planteados en el gobierno pasado respecto a la 13 y una troncal de TransMilenio, desde el punto de vista de demanda de pasajeros.

Hay que celebrar este marco de entendimiento entre dos regiones que, como lo muestra la realidad, son interdependientes, se necesitan, y solo el trabajo conjunto y una visión a largo plazo pueden redundar en beneficio para sus habitantes. Y si, además, cuenta con el respaldo de la Nación, solo se puede augurar su éxito.

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editorial@eltiempo.com

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