Comienza la feria

Comienza la feria

La Filbo promete, una vez más, ser escenario para el encuentro de bibliófilos y humanistas.

Por: EDITORIAL 
23 de abril 2019 , 08:20 p.m.

La Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo) tiene un triple compromiso con ella misma: estar a la altura que se trazó en sus ediciones anteriores, continuar estableciendo contacto con los lectores colombianos y servir de refugio para todos aquellos que siguen acudiendo a los libros para articular las carencias, las sospechas, las voces interiores de sus vidas.

Es que en estos tiempos devorados por las relaciones hechas en internet, en estos días milagrosos e inciertos en los que la tecnología replantea las relaciones entre las personas, la Filbo tiene que cumplir con la promesa de ser un escenario para el encuentro de bibliófilos y humanistas. Que no quede duda: pese a todo, asistir a este evento sigue siendo un ritual anual para miles de colombianos.

Debe ser refugio de los que acuden a los libros para articular las carencias, las sospechas, las voces interiores de sus vidas.

Se ha recibido con cierto escepticismo la noticia de que el país invitado de honor de la edición de 2019, la número 32 de la historia del evento, sea la Colombia del bicentenario, pero quizás pueda aprovecharse esa idea para reflexionar sobre la contribución que se ha estado haciendo desde el mundo editorial y el de la cultura en general a la comprensión de los asuntos de una república que en los últimos dos siglos –en los días de la Independencia, de la Nueva Granada, de la Regeneración, de la guerra bipartidista, del Frente Nacional, del conflicto armado interno– ha luchado tanto por ser una democracia en paz.

Basta asomarse a las mesas de novedades de la Filbo, en los tradicionales pabellones de las editoriales colombianas, para descubrir memorias de políticos, testimonios de artistas, crónicas de periodistas, novelas de todas las índoles, historias del país contadas desde todos los ángulos, que dan cuenta de los dramas humanos y las violencias cíclicas que esta sociedad ha tenido que encarar desde que se lanzó a la tarea romántica de volverse una nación. Los sellos colombianos siguen dedicados de lleno, y sin titubeos, a la labor de contar lo que ha pasado acá, de promover las voces de los autores que han dado con una nueva forma de contar las cosas, de abrirles a más y más personas la oportunidad de la lectura.

Como se ha señalado desde las páginas de este diario, estarán presentes, en la nueva edición de la Filbo, una serie de escritoras extranjeras y colombianas que confirman que cabe esperar que la literatura de estos años sea revitalizada –y halle nuevos modos de nombrar y explicar el mundo– por las voces femeninas. Habrá de notarse asimismo, con el paso de los 14 días que dura el evento, que el espíritu crítico de las grandes obras colombianas ha estado señalando con valor la tragedia de nuestra violencia, y ha estado reivindicando la vocación a la resistencia de estos pueblos.

El próximo lunes 6 de mayo, cuando esta edición de la Filbo llegue a su fin, no solo se verá si cumplió con ofrecer una pacífica reflexión sobre Colombia desde la cultura, sino que se sabrá si el evento siguió por la exitosa senda de estos años: el gran festival literario, la rueda de negocios, el encuentro académico, la enorme librería que devuelve la esperanza. Todo parece indicar que así será.

editorial@eltiempo.com

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