Cien años de El Prado

Cien años de El Prado

Pasaje de mansiones que revive el esplendor caribeño y romántico de la primera mitad del siglo XX.

Por: Editorial
22 de marzo 2020 , 08:22 p.m.

En medio de tantas historias de resistencia de estos últimos días, de tantos relatos sobre los lugares y las culturas que han visto pasar los buenos y los malos tiempos, vale la pena rescatar la noticia de que está cumpliendo cien años un barrio icónico de la ciudad de Barranquilla: El Prado. Se trata, a fin de cuentas, del gran esfuerzo de la capital del Atlántico, de la calle 53 a la calle 75, entre la carrera 50 y la carrera 60, por entrar a la modernidad de una vez por todas; se trata de un pasaje lleno de mansiones intactas que revive el esplendor caribeño y romántico de la primera mitad del siglo XX.

Quedaba en ese lugar, en un principio, una finca de los señores Benjamín Senior y José Fuenmayor que justamente se llamaba así, El Prado, y servía de mirador del río Magdalena, pues estaba construida en la parte más alta de la ciudad. Y un ingeniero norteamericano de apellido Parrish, de Leon, Iowa, tuvo la idea de montar allí un barrio de elegantes casonas de balcones y columnas como las de su ciudad natal. Pronto se levantó, a la vista de todos y en beneficio del paisaje barranquillero, ese lugar maravilloso. Vino el famoso hotel en donde se quedaron Cantinflas, Gardel, Lindbergh. Vinieron sus residentes ilustres y sus leyendas.

Recorrer el barrio El Prado es, hoy, recorrer un mundo irrepetible lleno de esquinas únicas: quien avanza por sus calles revitalizadas viendo las fachadas de la mansión Groser, el hotel Majestic, la iglesia del Carmen, el Museo Romántico, que fue la casa de los Freud; el parque de los Fundadores, que fue pista para grandes aviadores; la mansión amarilla de arcos rebajados, en donde queda la casa Mudvi; el parque Santander; la Villa Petra, de arquitectura mudéjar; el Colegio de Lourdes, y la casa de la poeta Meira Delmar, da un paseo por un esplendor que cien años después resiste el paso del tiempo.

No sobran, por estos días, recorridos por los pasados intactos y homenajes a la resistencia. Vale la pena celebrar a El Prado.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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