Choferes y dineros en fuga

Choferes y dineros en fuga

Algo grave pasa en controles y verificación de datos sobre lo que ocurre en las carreteras del país.

Por: EDITORIAL 
23 de agosto 2019 , 08:40 p.m.

Si los vehículos conducidos por personas que se dan a la fuga habían dejado el año pasado 373 muertos y 186.000 lesionados, según la Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (Adres), es fácil inferir que algo muy grave pasa en los controles y la verificación de los datos sobre lo que ocurre en las carreteras del país.

Porque no hay razón para que oficialmente se registren más de 500 víctimas diarias por este fenómeno, usualmente llamado carros fantasmas, cuando la norma exige el aseguramiento pleno y obligatorio de todos los vehículos para amparar a las personas en términos de asistencia en el momento de los accidentes o la repetición contra los responsables cuando suceden estos siniestros.

Y mientras tanto, la Adres (el banco de la salud) recibió más de 300.000 reclamaciones, que solo en los últimos dos años sobrepasaron los 230.000 millones de pesos. Plata que, valga decirlo, sale de un fondo específico cada vez más escaso.

Lo grave de la situación es que estas cifras vienen creciendo de manera preocupante, al punto de que solo el año pasado, el número de muertos aumentó al 50 por ciento, y el de lesionados casi que se duplicó frente al del 2017, cuando fueron 99.000. Sin dudas, una espiral que de no analizarse terminará quebrando no solo los huesos de las víctimas, sino la estabilidad del sector.

Un panorama que tiene que causar preocupación en los entes correspondientes, y sobre todo llevar a tomar acciones

Porque, si bien estas desproporciones podrían tener explicaciones relacionadas con la fusión de varias vigencias, así como con la falta de auditoría definitiva en las cuentas de la Adres, lo cierto es que, más allá de cualquier justificación, estas estadísticas siguen siendo exageradas.

Aquí vale la pena llamar la atención acerca de los abusos, conocidos desde siempre, de ambulancias y prestadores de servicios que han hecho de los recursos del Soat un botín que saquean sin escrúpulos, de manera metódica y ante los ojos de todo el mundo.

Traslados dirigidos a hospitales que les pagan por pacientes recibidos, exámenes diagnósticos y procedimientos realizados sin necesidad, hospitalizaciones por tiempos prolongados y hasta sobrefacturaciones, en una comparsa de atropellos que terminan convirtiendo incidentes menores en un festín de corruptela.

Claro, todo esto generado a partir de la indolencia de conductores que abandonan las escenas de los incidentes de manera cobarde, algunos de ellos, seguramente, bajo los efectos del alcohol, sin dejar de lado la negligencia de no pocos que no renuevan sus pólizas oportunamente.

Lo hasta aquí mencionado debe causar preocupación en los entes correspondientes, pero sobre todo llevar a tomar las acciones que sean del caso. Ya está bueno de contar cifras de heridos y muertos; de familias que tienen que enfrentarse, a la fuerza, al dolor de una discapacidad permanente, de jóvenes (la mayoría de las víctimas) cuyas vidas se truncan por culpa de unos irresponsables, y del dolo descarado de quienes acaban lucrándose de una u otra forma con esta situación. Poner el ojo en todos estos factores es tarea inaplazable.

editorial@eltiempo.com

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