Caos nica

Caos nica

Lo que hay detrás de las protestas es un severo deterioro de las condiciones de vida de los nicas.

23 de abril 2018 , 12:18 a.m.

La ola de protestas que sacude a Nicaragua y deja, según organismos independientes, casi una treintena de muertos por la represión (entre ellos, un periodista) parece ir más allá del rechazo a una reforma pensional que sube los aportes de empleados y empresarios y reduce en un 5 por ciento las pensiones de jubilación futuras y que al cierre de esta edición fue revocada por el gobierno de Daniel Ortega.

Ese fue solo el detonante. Lo que hay detrás es un severo deterioro de las condiciones de vida de los nicas, enfrentados al gobierno autoritario de Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, que cumplió 11 años en el poder. Vale recordar que el binomio logró reelegirse seleccionando a sus rivales, dejando fuera de competencia a quien pudiera hacerles sombra, y sin observación internacional.

Los aumentos de precios de los productos básicos y de la energía, el desempleo, el estancamiento de los salarios, la escasa productividad, la corrupción gubernamental, el deterioro del medioambiente y los recortes de beneficios sociales, por la caída de la cooperación venezolana, hacen parte del panorama del país centroamericano y se convierten en el caldo de cultivo que pone en entredicho su gobernabilidad.

Ortega ha logrado mantenerse gracias a que venía trabajando de la mano de los empresarios y con el apoyo de los militares. Pero en esta reforma pensional no intentó un consenso con el sector privado, y cuando se abrió al diálogo, cuando ya iban 10 muertos, se quedó solo. Más allá de eso, la reforma es urgente. De no hacerse, se viene el colapso del sistema pensional.

Curiosamente, antes del miércoles, los sondeos de opinión lo daban como uno de los mandatarios más populares de la región, con un 54 por ciento, una aprobación por lo visto artificial, pues este tipo de estallidos sociales no se dan de la noche a la mañana, sino que responden a dinámicas profundas de frustración y hastío de las comunidades.

La duda es si Ortega y Murillo intentarán reconciliarse con la población, o seguirán la vía madurista, la de perpetuarse en el poder a sangre y fuego.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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