Cabeza al casco

Cabeza al casco

Es hora de tener una norma que fije estrictas exigencias técnicas para este elemento de protección.

Por: EDITORIAL 
01 de marzo 2019 , 08:09 p.m.

Toda persona que se desplace en una motocicleta o en un vehículo que la exponga al aire libre debe utilizar un casco con especificaciones que permitan salvarle la vida en caso de un accidente. Esta regla, lógica en todos los lugares del mundo, parece tener su excepción en Colombia, dados el bajo nivel de uso y las altas cifras de muertes que se dan, precisamente, por su ausencia.

De hecho, un estudio que acaba de dar a conocer el Ministerio de Salud concluye, sin ningún recato, que solo el 2,8 por ciento de los usuarios de motocicletas echan mano, de manera adecuada, de este recurso, con el agravante de que sobre las vías quedan al año unas 3.300 vidas, de las cuales al menos la tercera parte habrían tenido un destino mejor si hubieran llevado la cabeza cubierta por un elemento adecuado de protección.

Pero aquí no paran estas cifras absurdas, porque los principales afectados son personas jóvenes, la gran mayoría hombres, que le representan al país 133.264 años de vida saludable perdidos, que, traducidos en costos, superan –según el mismo ministerio– 775 millones de dólares anuales. Montos nada despreciables si se tiene en cuenta que son irrecuperables y se hubieran podido evitar.

Algo ocurre en el país con este hábito que puede ser salvador porque, incluso en ciudades capitales como Bogotá, donde hay mayores controles y una cultura vial más avanzada, solo uno de cada cuatro motociclistas utiliza el casco de manera adecuada, según otro estudio reciente de las universidades de los Andes y Johns Hopkins.

Basta ver la cantidad de elementos hechizos y artesanales con los que la gente solo pretende evadir la acción de las autoridades sin detenerse en su propia seguridad: cascos improvisados, fabricados para cualquier otro uso o simplemente comprados en cualquier garaje; lo que importa es el ahorro y salir del paso. En esa colada no se salvan ni siquiera algunos miembros de la Fuerza Pública, que no obstante tener el mejor casco, lo llevan en todas partes, menos en la cabeza.

Por eso sorprende que el país le dé dimensión de debate nacional a una medida que busca definir las normas y ratificar la exigencia inapelable del uso de este elemento de seguridad. Se sabe, por ejemplo, que la resolución que proyecta las exigencias técnicas y las características de los cascos se mantiene en borrador en el Ministerio de Transporte desde hace dos años.

Como dice la misma Agencia Nacional de Seguridad Vial: la firma de dicho acto administrativo es una urgencia vital porque se traducirá en bienestar para toda la población, lo cual no exime, de ninguna manera, que se discutan términos como los costos, la disminución de aranceles e IVA, además de los plazos para la entrada en vigor de la regulación y así no afectar más de la cuenta a propietarios y usuarios de los más de siete millones de estos vehículos que se calcula hay en el país.

Tampoco sobran estrategias educativas ni sanciones inflexibles a los infractores, así como transparencia de las autoridades y, por qué no, que nadie pueda sacar una moto de un concesionario sin un casco con todas las de la ley. Aquí, las vidas están primero.

editorial@eltiempo.com

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