Brasil, en vilo

Brasil, en vilo

Con el más popular de los candidatos en prisión, el país atraviesa una compleja encrucijada política

Por: EDITORIAL
28 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

La democracia brasileña atraviesa una compleja encrucijada. Para las elecciones del próximo 7 de octubre, el candidato que goza del inapelable favoritismo es nada más ni nada menos que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, una especie de prohombre para amplios sectores de la sociedad y cuya principal carta de presentación es que logró sacar de la pobreza al menos a 25 millones de brasileños durante sus dos mandatos (2003-2010).

Sin embargo, para la justicia de su país es un condenado –en doble instancia– a doce años y un mes de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero. Según la ley, este hecho lo inhabilita para ser candidato, pero el Tribunal Superior Electoral tiene plazo hasta el 17 de septiembre para pronunciarse sobre si permite o no su candidatura, cuando apenas faltarán 20 días para los comicios.

Todo hace pensar que dicha corte invalidará la aspiración, pero desde distintas orillas crecen las presiones para que se le dé luz verde a esa campaña, que tiene como lema ‘Lula, presidente, para que Brasil vuelva a ser feliz’.

Por ejemplo, el Comité de Derechos Humanos de la ONU instó al Gobierno a que se le garanticen sus derechos civiles y el derecho a participar mientras tenga recursos judiciales por resolver, y cientos de personas piden todos los días en las calles la liberación de Da Silva por considerar que su reclusión es resultado de un complot de la derecha.

El desafío para la democracia brasileña es grande. Se vive allí un periodo de inestabilidad institucional, fruto de escándalos de corrupción.

De hecho, desde cuando lo metieron a la cárcel, en abril pasado, su popularidad no para de crecer, e, incluso, días antes había iniciado una fulgurante campaña con sus bases, que no lo olvidan: desde junio, las intenciones de voto a su favor pasaron de 30 a 39 por ciento, 20 puntos por delante de su más inmediato seguidor, el ultraderechista Jair Bolsonaro, quien, con una plataforma militarista, ultranacionalista y homófoba, ha sabido capitalizar el descontento y, por qué no, el miedo, a través de unas redes sociales hábilmente manejadas.

El problema para el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula es qué sucederá si, en efecto, el tribunal lo veta. El PT maneja un plan B: su compañero de fórmula, Fernando Haddad, exalcalde de São Paulo y exministro de Educación de los gobiernos de Lula y de Dilma Rousseff. Analistas apuntan a que la estrategia de Lula es ir lo más lejos, para luego cederle su caudal de votos a Haddad. ¿El que diga Lula? No es claro, pues la proyección de los escenarios que han hecho las encuestadoras no da mayores señales sobre el comportamiento de un electorado desilusionado.

Por todo esto, el desafío para la democracia brasileña es grande, ya que se vive un periodo de inestabilidad institucional, fruto de sucesivos escándalos de corrupción, de una profunda crisis política que tumbó a Rousseff en el 2016 y puso en su lugar al vicepresidente Michel Temer –quien apenas si llega al 5 por ciento de popularidad–, y una gran incertidumbre por la marcha económica. Por eso, cuanto más pronto dé su concepto el tribunal, más rápido sabrán los brasileños a qué atenerse. Hay que salir pronto de esta etapa oscura.

editorial@eltiempo.com

Luiz Inacio Lula da Silva

La candidatura a la presidencia del expresidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, fue inscrita este miércoles.

Foto:

Reuters

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