Biden y la región

Biden y la región

No es realista esperar una ruptura, pero es claro que soplan nuevos vientos.

Por: Editorial
23 de enero 2021 , 11:00 p. m.

Con la firma de 17 órdenes ejecutivas en una Oficina Oval renovada, Joe Biden se estrenó como presidente de Estados Unidos el miércoles pasado.

La pandemia de covid-19, la crisis económica derivada de ella, el cambio climático, la igualdad racial y la inmigración fueron los grandes asuntos que tratan estas disposiciones. Es claro que además de devolverle la civilidad y el apego a las formas y valores democráticos al ejercicio del poder desde su cargo, el mandato de Biden estará centrado en estas materias. Y solo una, la inmigración, guarda directa relación con América Latina.

El anterior recuento es necesario si se quiere responder a la pregunta de qué va a pasar con la región y con Colombia durante el gobierno del nuevo presidente demócrata. Y aquí hay que tener claras cuáles son sus prioridades. En esta lista figura muy arriba, reiteramos, la inmigración. Lo ocurrido hace pocos días, cuando la sola posesión de Biden motivó a cerca de 9.000 hondureños a intentar llegar a la frontera entre Estados Unidos y México, cansados de la miseria en la que se encuentran en su país, es un campanazo de lo que se avecina. De Biden se espera más y mejor disposición para trabajar en equipo con los gobiernos de cada país, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de millones de personas vulnerables y así disuadir a los potenciales migrantes. También, un trato menos brutal hacia quienes cruzan la frontera. El nuevo mandatario ha sido enfático –y es de esperarse que se cumpla– en que no separará familias.

En un segundo plano aparecen otros dos tópicos claves: Venezuela y narcotráfico. Sobre el país vecino, había mucha expectativa con respecto a qué posición asumiría la nueva administración en relación con Juan Guaidó. Esta duda puntual fue resuelta la semana pasada cuando el nominado a secretario de Estado, Antony Blinken, fue claro en que el gobierno Biden mantendrá el reconocimiento a Guaidó, al tiempo que se refirió a Nicolás Maduro como un “brutal dictador”. Pronunciamiento que sin duda se enmarca en el ajedrez geopolítico global.

Las declaraciones del nuevo funcionario incluyeron varias generalidades que por ahora muestran más puntos de unión que rupturas en relación con lo que venía haciendo la administración Trump. Es claro que la búsqueda de nuevos caminos para que se produzca un relevo en Miraflores se dará en un marco de acciones diplomáticas y sanciones que, por ahora, no da señales de ser muy distinto al actual.

En lo que tiene que ver con el narcotráfico, la expectativa permanece. Sin duda ha de producirse cierto giro –tal vez no ruptura– respecto a la postura de la administración Trump, que puso todo el énfasis en la responsabilidad de los países productores, presionando, en ocasiones de manera abierta y poco cordial, incluso a sus más cercanos aliados. Con todo, no es de esperar un viraje de 180 grados. No obstante, hechos como la progresiva transformación de la posición de un sector importante de la sociedad estadounidense frente a las drogas y el informe bipartidista del Congreso, que recientemente cuestionó el enfoque dado a esta guerra en los últimos años, permiten esperar una actitud más dada a aceptar el componente de salud pública que tiene el consumo de drogas, así como a valorar lo importante que es afrontarlo desde la corresponsabilidad. Expertos creen que habrá mayor margen de autonomía en decisiones cruciales como la de reanudar la fumigación aérea con glifosato. Nuevos aires que, sin duda, no van a implicar bajar la guardia en las acciones a todo nivel contra el crimen organizado derivado del tráfico de estupefacientes.

Un contexto con presidente demócrata y mayoría de este partido en el Congreso implica tener presente la importancia que tendrán temas como la protección de los líderes sociales y excombatientes

Que pueden soplar nuevos vientos, lo tiene que saber leer el Gobierno colombiano. Aquí radica el principal reto para la administración de Iván Duque, cuyo desafío es armonizar esta nueva realidad con la que a diario vive en su entorno político, pues es evidente que las prioridades no necesariamente coinciden. Y es que si bien está fuera de discusión el lugar de Colombia como histórico aliado de Estados Unidos y es evidente que a este país le interesa la continuidad de los pilares de la relación binacional, sería un grave error ignorar que el relevo en la Casa Blanca obliga, de este lado, a replantear aspectos. Un contexto con presidente demócrata y mayoría de este partido en el Congreso implica tener muy presente la renovada importancia que tendrán temas como la protección de los líderes sociales y de los excombatientes de las Farc, la implementación del acuerdo de paz con la exguerrilla y todo lo que a Colombia le compete en el cuidado de la Amazonia, por mencionar solo tres áreas que pueden compartir protagonismo junto con el narcotráfico.

Lo deseable es que, sin descuidar lo urgente, la relación pueda girar en torno a otros ejes igual de trascendentales que, además, conllevan avances necesarios en campos en los que es bienvenido contar con un aliado de primer orden.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

MÁS EDITORIALES

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.