Barrios inseguros

Barrios inseguros

Hay zonas en Bogotá en las que reconocidas organizaciones criminales tienen su centro de operación.

16 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

El lamentable insuceso en el que perdió la vida Álvaro Torres, el economista que prestaba sus servicios al Banco de la República y fue asesinado por delincuentes que intentaron asaltarlo en pleno centro de Bogotá, confirma que el atraco callejero sigue siendo la pesadilla de los colombianos. Porque se trata del delito que más impacta al ciudadano de a pie, presa fácil de organizaciones delictivas que se han especializado en el hurto de celulares, carros, motos, bicicletas o relojes de alta gama.

Lo ocurrido a Torres le pudo haber sucedido a cualquiera. A cualquiera que hubiera terminado en un laberinto de calles sin Dios ni ley. Más allá de las circunstancias que llevaron al hecho, no deja de sorprender la forma como actuaron los antisociales: en gavilla, armados de piedras, palos y armas de fuego. Así redujeron a este hombre de bien para luego quitarle la vida. A plena luz del día y en un barrio de lamentable reputación: La Paz.

El atraco callejero sigue siendo la pesadilla de los colombianos. Porque se trata del delito que más impacta al ciudadano de a pie.

Por este caso, los ciudadanos se vinieron a enterar de una verdad de a puño: hay zonas en Bogotá en las que reconocidas organizaciones criminales tienen su centro de operación. Si bien la percepción de seguridad en los barrios ha mejorado, en algunos de ellos, surgidos de manera informal y con necesidades, clanes familiares se vuelven amos y señores de negocios ilícitos –como el expendio de drogas alucinógenas– y acaban extendiendo sus tentáculos al hurto, el fleteo o la extorsión.

No se quiere con esto estigmatizar una comunidad en particular, pero sí alertar a las autoridades a fin de que impidan que estos contornos se conviertan en zonas vedadas para su proceder. Muchos vecinos sabían de la existencia de una banda dedicada al atraco en La Paz, la misma que dio muerte a Torres, pero guardaron silencio por temor. La policía debe evitar que situaciones así sigan pelechando, y la justicia, que siga creciendo el prontuario de estos atacantes hasta cuando ya sea demasiado tarde.

editorial@eltiempo.com

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