Atemperar el Código

Atemperar el Código

Falta pedagogía, tanto para la gente como para las autoridades, en la aplicación de este manual.

Por: EDITORIAL 
26 de febrero 2019 , 08:19 p.m.

Entre la superpoblación de leyes expedidas por el Congreso en los últimos años, hay una que, como pocas, está en el centro de las discusiones de los colombianos de a pie. Se trata del Código de Policía que empezó a regir en el país en 2017 y reemplazó el arcaico compendio de normas de convivencia que regía desde principios de los 70.

La insólita multa de 800.000 pesos por comprar una empanada, que ha dado pie a todo tipo de comentarios y a muchas informaciones tendenciosas en las redes sociales, deja en evidencia lo mucho que aún nos falta en materia de pedagogía tanto para el ciudadano como para las autoridades, un asunto fundamental para que el Código consiga su cometido. El cual no es nada diferente a lograr que la tranquilidad propia y el respeto por el otro y por lo público –incluido el espacio– sean la regla en nuestra sociedad.

Eso no venía pasando desde hace años, y aún estamos lejos de que se cumpla, en buena medida porque el Código de 1970 no tenía cómo prever decenas de comportamientos que se convirtieron en una amenaza para la convivencia en los últimos años, y también porque las sanciones que estaban vigentes para las malas prácticas de siempre, como arrojar basura en la calle, eran poco menos que risibles.

Un informe de la Fundación Ideas para la Paz publicado por este diario revela que las multas impuestas por la Policía por infracciones del Código prácticamente se han duplicado desde el 2017. Así aumentaron de 770.651 en el 2017 a más de 1,3 millones el año pasado. Esa realidad, que algunos podrían leer positivamente como muestra de una mayor proactividad de las autoridades a la hora de hacer respetar el Código, para Ideas para la Paz es más bien reflejo de cómo se ha fallado en hacerle mayor pedagogía, y también a la hora de hacer más eficientes los mecanismos para que los ciudadanos que son multados puedan interponer sus recursos si consideran que se ha cometido una injusticia. El informe alerta así mismo sobre el riesgo de corrupción y eventuales abusos cuando se trata de controlar comportamientos que afectan la actividad económica.

La Policía Nacional, que es el primer doliente del cumplimiento del Código, debe redoblar esfuerzos para que sus agentes acaten las normas de convivencia con apego a la ley y sin excesos que puedan terminar caricaturizando la fundamental tarea de garantizar la convivencia.

Siendo todo esto así, no hay duda ninguna de que el Código representa un avance fundamental para recuperar la tranquilidad ciudadana y el respeto por la autoridad, que en algún momento de nuestra historia se empezaron a embolatar y cuyo extravío se refleja, por ejemplo, en nuestras altísimas tasas de muertes y lesiones personales por casos de intolerancia. Por eso, con las medidas correctivas que se deban tomar, hay que darle el tiempo necesario para que se atempere y sus efectos empiecen a ser más notorios en la vida de los colombianos.

Quienes deben aplicarlo tienen que hacer mayores esfuerzos por aterrizarlo y para que el ciudadano lo entienda y lo respete.

editorial@eltiempo.com

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